viernes, 6 de febrero de 2015

Paseo por la montaña

Boca trituró a River por 5 a 0 para dejar sepultado, de una vez por todas, el pobre 2014 y esperar con ansias el año que empieza. El Xeneize aprovechó todo los errores que cometió su archirrival, y cuando aceleró hizo historia. Su rival apeló a la misma receta que en la copa, pero esta vez tuvo un arbitro que apeló al reglamento y su mentira de fútbol champagne se cayó como un castillo de naipes.

Cuando terminó 2014, nadie podía imaginarse semejante verano. Con la herida abierta de la eliminación en la Sudamericana, Boca encaró este nuevo año con la misión en primer lugar de lograr la clasificación a la fase de grupos, pero también debía cortar la maléfica racha ante River. Era algo impostergable.
En el primer chico, Arruabarrena decidió guardar a todos los titulares, excepto a Nico Colazo, por quien no tenía reemplazante hasta ese momento en el plantel.
La jugada le salió bien. Un gol del chiquilin Franco Cristaldo y muchas soberbias actuaciones como la de Pavón, Pablo Pérez, Guille Sara, Guille Burdisso, Fuenzalida, Cubas (pese a la roja) y Carrizo le permitieron al Vasco darse cuenta que tiene varios soldados que le pueden salvar las papas cuando sea necesario. 
El equipo titular no fue menos. Le ganó ajustada pero merecidamente a Velez. Calleri puso todo, solo le faltó el gol. Gago se pareció al Gago que nos deslumbró a todos cuando debutó en Primera. Meli estuvo en todas partes y la defensa cumplió casi sin sobresaltos. Y Nico Colazo metió un zurdazo que se convirtió en un golazo que sirvió para la clasificación a la Libertadores, con todo lo que eso significa.
Y así se llegó, al clásico de Mendoza. La victoria en Mar del Plata relajó y descomprimió para el duelo ante Velez, pero la herida seguía abierta. Los clásicos no son amistosos. Se jueguen en la Boca, Nuñez, Mar del PLata o Mendoza solo sirve ganar.
Al River de Gallardo, después de Mar del Plata, se le empezó a dar cuenta cual es su verdadera cara. La de un equipo golpeador durante el partido y descontrolado en desventaja. En Mendoza, pasó lo mismo pero aumentado a la décima potencia.
Leonel Vangioni demostró no tener todos los jugadores en su cerebro. Solo así se explica como le entró al chico Palacios,  a los diez minutos, luego de venir de lesionar a dos jugadores de Boca; el burrito Martínez y el pibe Pavón. ¿Pero que se le puede pedir a este muchacho? ¿Quien le va hacer entrar en razón? ¿El Muñeco Gallardo, el mismo que rasjuño al pobre Pato Abbondanzieri? Pero eso es un problema de River.
La idea millonaria para frenar a Boca fue golpear tanto en los amistosos como en la Copa. Parece que para demostrar caracter o personalidad, hay que lastimar jugadores contrarios. Afortunadamente esta vez hubo un arbitro que hizo valer el reglamentó y cobró lo que tenía que cobrar.
Pero el partido no lo desnaturalizó, la violencia de River, aunque lo pudo haber hecho. Sino que fue otra de las grandes mentiras de River, la que abrió el marcador. Ramiro Funes Mori hizo un pase hacia atrás increíble, provocó el resbalón de Maidana, y el pibe Cristaldo, aceleró y otra vez se la mandó a guardar al pobre de Barovero.
El segundo y el tercero fueron dos poemas a la perfección del contragolpe. Como para que no le echen culpas a un solo jugador. Uno llegó desde un costado y el otro desde el otro. Primero Chavez le puso un pase milimétrico a Palacios que definió bárbaro y luego se intercambiaron los roles; el tucumano asistió al Comandante para poner el 3 a 0 en media hora.
Ahí sí, llegó el festival de rojas de un arbitro que no se dejó amedrentar. Lo que no hizo Trucco en la Bombonera lo hizo Abal. River se quedó con 8. Mayada, Carlos Sánchez (el que le dio un puntapie criminal a Miño que provocó su caída y su luxación de hombro en el clásico de 2012) y Teo (alguien que lleva bien puesta la remera de River, habla más de lo que juega). Ante una patada de otro jugador, Gallardo le dijo socarronamente que lo eche. ¿O quería abandonar?
Increíblemente con la ventaja numérica parecía haber un pacto tácito para no seguir aumentando la goleada. Hasta que entró Jonathan Calleri. El exAll Boys metió un golazo y luego asistió al pibito Betancur, de apenas 17 años.
 El 5 a 0 es historia pura. Nunca hubo tanta distancia entre Boca y River. En el 82, Boca lo habia goleado como visitante por 5 a 1, en la otra victoria más abultada de la historia del profesionalismo. La más abultada sigue siendo el 6 a 0 de 1928 en pleno amateurismo.

martes, 18 de febrero de 2014

Violencia es mentir

El diario deportivo se ensañó con Bianchi y Boca, pero lo hace a través de datos erróneos, informando que Boca tiene un promedio pobre, aunque no le sobra nada, no es tan así. ¿Hay una mano negra para instalar la idea del desastre?

Que Boca es noticia lo sabemos. En las buenas. Y también en las malas. Por eso hoy el único diario deportivo del país decidió alarmar a todos los hinchas del club de la ribera con el tema del descenso. Los descensos de River e Independiente con apenas dos años de diferencia pusieron al Xeneize en la envidiosa situación de ser el único equipo grande que no descendió. Y hay cierto sector del periodismo que no solo pretende ver a la lona a Boca, sino que también a Bianchi y a Riquelme. Sabemos que los medios se mueven como los fondos buitres con total de conseguir la primicia de algo. Este canibalismo informativo hace que los medios se conviertan en medios de desinformación, aun en el utópico caso de que hubo buena fe, aunque sabiendo a los intereses que responde dicho matutino son los mismos que responde, por ejemplo, el ex presidente Mauricio Macri, que nunca perdonó ni nunca va a perdonar los desplantes del Virrey y Román en los tiempos de gloria. Pero es otro tema. ¿Es verdad que a Boca lo apremian los promedios, como para entitular “se va al descenso” o que “es una campaña de descenso”? Veremos por parte.
En primer lugar, este Boca juega mal. Muy mal. No hay que ser ningún iluminado para darse cuenta de eso. No solo eso, sino que no tiene la capacidad de reacción ante cualquier desgracia que pueda pasar. Paso en los partidos de verano, y ocurrió lo mismo ante Belgrano, que ante el primer error no supo levantarse. Un equipo sin alma. Algo que es una herejía para la tradición del Xeneize.
Pero por más desastre que sea, aseverar que este equipo va a descender, solo puede tratarse de un adivino o de una mano negra que prepara el camino para emparejar las cosas y que los cinco grandes hayan descendido aunque sea una vez.
Pasemos analizar los puntos que tiene el cuadro auriazul. Para esta temporada, no va a haber ningún tipo de problemas, Boca está segundo, gracias –vaya paradoja del destino- a la gran campaña de Falcioni en el Inicial 2012. El problema surgiría para 2015.
Pero todavía faltan 17 fechas para terminar este año futbolero. Este Boca para la 2014-15 no va a estar tan oxigenado pero arrancaría noveno junto a Racing y a Estudiantes entre los equipos que dividen por tres campañas. Pero nadie habla de un posible descenso de la Academia. Con 81 puntos, Boca no tiene nada que le sobre pero no está para aseverar una condena segura. Por ejemplo, River descendió en 2011 con 139 en seis torneos, Boca tiene 81 en 3 certamenes y dos partidos del cuarto.
Pero el problema no pasa por ahí se podría decir de que quieren vender y las noticias apocalípticas en este mundo en que los valores éticos están más devaluado que el peso venden. Pero de ahí a decir que Boca tiene 1, 06 de promedio apenas 6 decimas más que el último que descendería es una falacia  malintencionada. El verdadero promedio de Boca es 1,372. Incluso hasta el Boca de Bianchi si tomamos los dos torneos que dirigió el Virrey es 1,263.  
Tal vez, el diario conducido por un reconocido hincha de River, apuesta a que el descenso se de en la temporada 2015-16. Pero para eso debería hablar de que Boca tiene 30 puntos, para esa temporada, el Millonario 25 y el grande de Avellaneda que ahora permanece en Primera posee apenas 19.
Pero sería bastante iluso de nuestra parte suponer que esa campaña es por la simpatía futbolera de tal o cual periodista. Esto va más allá. Hay alguien ligado a Boca que quiere que a Bianchi y a Riquelme le vaya mal, porque nunca los tragó y sus matrimonios fueron por conveniencia, y hasta podemos sospechar que también le tiene bronca a Angelici porque quiere volar solo. Esa persona que se mueve por la sombra es Macri, que ve en la debacle del Virrey la causa para sacárselo de encima para siempre. Y ve en ciertos sector del periodismo y en algún cipayo de la misma dirigencia los mejores aliados para dinamitar Boca.

Vale aclarar que esta nota no te tiene que sonar con soberbia como diciendo “somos Boca y no nos va a pasar lo de otros”. No es eso. La soberbia es una de las principales causas de porque le pasó eso a esos equipos, sobretodo al de Nuñez. Boca tiene que aprender de los errores propios y también de los ajenos para salir a flote. Esta nota tiene como objetivo de traer tranquilidad. Es el momento de levantarse, todavía esta a tiempo.

domingo, 29 de diciembre de 2013

2013: El final de un año ilógico

En el año del regreso de Bianchi, Riquelme y Gago a la institución, Boca no solo no ganó ninguno título, sino que estuvo lejos de hacerlo. El penúltimo puesto en el Final 2013 y la no clasificación a la Libertadores 2014 convirtieron un año plagado de ilusión en un año con números rojos en lo deportivo.


 Hace 12 meses cuando cualquier levantaba la copa para brindar imaginaba un 2013 lleno de logros. El tan ansiado regreso de Carlos Bianchi tras nueve años de siesta era una realidad, y había promesas de otros retornos de glorias como Riquelme o Gago para el verano que comenzaba. Este año que termina, fue bien distinto a lo que muchos soñábamos por aquel entonces. Pasaron tantas cosas, por cierto la mayoría malas que parece que fueron más de doce meses.
Es cierto, el año empezó mal barajado de entrada. La otra vuelta soñada, la de Riquelme, la que parecía segura, tardó más de la cuenta. Tuvieron que pasar las dos derrotas de verano contra River para que el ídolo recapacitara, se olvide de sus palabras y decida venir “a sufrir junto a Carlos”. Ese vaticinio, lamentablemente, es lo que finalmente, fue un año que se sufrió más de lo que se gozó.
El primer semestre tuvo a Boca con un andar errático por el torneo local y con una trabajosa clasificación a la segunda ronda de la Libertadores. Para ese certamen, Boca en octavos debía enfrentar a Corinthians, el último campeón. Contra todos los pronósticos, este equipo de Bianchi se hizo fuerte de visitante, rescató un punto con un golazo de Román y accedió a cuartos. En esa instancia, chocó con Newell´s y, pese a ser levemente superior en los 180 minutos, cayó en los penales.
Lo único que quedaba era salvar el honor y no salir último en el campeonato de entrecasa. Esa deshonra se evitó por un solo punto por encima del descendido Unión pero la peor campaña en torneos cortos era un hecho. Ni siquiera la Copa Argentina, trofeo que Boca defendía, pudo servir para bálsamo. El Xeneize fue eliminado en octavos por All Boys sin atenuantes.
Para el Inicial era hora de hacer un manotazo de ahogado. Boca se desprendió de Somoza, Lautaro Acosta, Silva, Erviti, Franco Sosa, Clemente Rodríguez, Viatri, Albín y Ustari, todos jugadores, salvo Erviti, que tuvieron un pobre desempeño en el último tiempo, pero sobretodo porque la mayoría nunca entendió lo que es Boca –excepto contadas excepciones-.
Para el Final, Boca decidió hacer pocas incorporaciones pero de renombre. Finalmente, Fernando Gago, esta vez, si volvió y mientras el físico se lo permitió tuvo grandes rendimientos como contra Velez o Racing, en los que condujo al equipo. Cata Díaz también retornó. La sorpresa fue Gigliotti, un jugador que tal vez trajo pocas expectativas cuando llegó pero cumplió con goles importantes como a la Academia, en su debut como titular, o contra River.
Parrafo aparte para los duelos contra el equipo de Ramón Díaz que dieron las únicas alegrías del año. En el primer clásico, en la Bombonera, con un equipo plagado de pibes, fue apenas empate. La fiesta fue en las tribunas, ya que se trataba del regreso de River a los superclásicos, tras su desaparición del fútbol grande un año atrás cuando descendió. El otro, en el Monumental, sin hinchas visitantes, Boca se las ingenió para ganar un clásico que tampoco quedará en las retinas de nadie por lo bien que jugaron los dos equipos, sino por el hecho de que se jugó con fans del anfitrión, nada más.
El sexto puesto compartido en este torneo fue un poco mentiroso. Boca peleó hasta el final de la anteúltima fecha pero salvó en algunos partidos, nunca tuvo nivel para ser verdadero protagonista, falló en partidos claves como contra CASLA, Newell´s y Arsenal pero aun podría haber sido campeón si le ganaba los últimos dos partidos de local a All Boys y a Gimnasia. No habla bien del Xeneize, sino que explica porque San Lorenzo es el campeón más mediocre de la historia de los torneos cortos. Este Boca terminó a solo cuatro puntos.

No obstante, este dato de que Boca, sin nada, casi pelea el campeonato no puede dejarse a un lado para desdramatizar lo que viene. El Xeneize tiene al mejor DT y jugadores claves, que sin lesiones puede fortalecer. Además de futbolistas, que amagaron pero todavía no encontraron su techo en el club como el Burrito Martínez, Sánchez Miño o Paredes. Lamentablemente, no habrá Copa para brindar este año pero el equipo tiene con que mejorar. Lo dijo Bianchi, con todos los contratiempos que tuvo y el nivel que mostró “es ilógico que salga campeón”. Sin embargo, hay material y sería lógico que este equipo mejore.

sábado, 22 de junio de 2013

Sin el pan, sin la torta, ni siquiera las migas

Boca se quedó afuera ante All Boys de la Copa Argentina dando una pálida imagen. Ya no hay excusas, el equipo necesita una renovación urgente.


Boca se quedó sin nada. Ni siquiera pudo asegurar la continuidad en la Copa Argentina ante el primer rival serio que se le presentó. Ni siquiera estuvo cerca de hacer un partido digno ante un rival de poco fuste como lo es All Boys, hoy. Pero este Boca se mete los goles solo y jerarquiza a los adversarios.
Ya le había ganado bien, en la tercera fecha, el equipo de Floresta. Pero quedaba la sensación de que ese Boca había evolucionado algo en su juego pero eso solo fue un espejismo que duró lo que duró la serie de la Libertadores. Una vez afuera del certamen continental, Boca se arrastró contra Racing y algo parecido ocurrió ante All Boys en Catamarca.
No hace falta hacer grandes producciones para ganarle a Boca. El equipo de Bianchi comete errores infantiles, tanto colectivos como individuales. Es inaceptable que un jugador de la experiencia de Clemente Rodríguez, que viene de hacerse expulsar contra Newell´s en el mejor momento de Boca, cometa ahora un penal al minuto de juego. Así el lateral hace olvidar sus páginas extensas de gloria y le pone el certificado de defunción de su campaña en el club. Gracias por todo pero ya fue. Boca está por encima de los nombres.
Después del gol, Boca intentó con Román como abanderado pero las cosas no salen. No hay un poco de suerte. Pero con ese fundamento no alcanza porque a la suerte hay que ayudarla. Y un equipo con poca profundidad y volumen de juego no colabora con que la fortuna se pose de su lado.
En el complemento, cuando parecía otra actitud, una desatención defensiva tras un centro frontal desde la mitad de la cancha, dejó a Borghello para poner el 2 a 0. Podía ser asunto liquidado pero Ledesma descontó cerca del final para poner un poco de dramatismo. Pero la sensación de cercanía al empate duró poco y nada. En una nueva contra, All Boys clavó el tercero.
Sin excusas, Boca se quedó afuera de un certamen que tiene poco renombre actualmente pero podría ser un atractivo bálsamo ya que lograría la clasificación a la próxima Libertadores. Igualmente pensar en eso, cuando el equipo no es capaz de ganar dos partidos seguidos es ser aventurero.
No obstante, la pálida producción demostró que este equipo necesita una profunda depuración en el plantel. Pero con eso no alcanza. Hay que traer jugadores de jeraquía.

FORMACIÓN: Orión 6; Marín 5, Caruzzo 5, Burdisso 5, Clemente 4 (Erviti); Ledesma 5, Somoza 5, Miño 5, Riquelme 5; Acosta 4 (Di Franco 5), Blandi 5

sábado, 1 de junio de 2013

Morir de pie


En una serie demasiado pareja, Boca se quedó afuera por penales en una definición dramática e infartante. La tonta expulsión de Clemente fue determinante.


En el fútbol se gana y se pierde. Esta vez la suerte fue esquiva. Pero cuando un equipo muere de pie, dejando todo, el dolor se atenua. Por eso, hay que estar orgulloso de este conjunto de Bianchi que peleó hasta el final, aun en inferioridad númerica.
Difícilmente un semestre mal parido desde el vamos podía terminar de otra forma. Un andar paupérrimo en el torneo local y un andar irregular en la Copa, con muchas lesiones de jugadores. En algunos a veces se lesionaba hasta el suplente del titular que también estaba averiado. Así fue la fortuna de Boca, en lo que va de 2013, y así fue el final.
Boca arriesgó demasiado jugando con un 4-4-1-1, dependiendo en demasía de lo que pueda hacer Román, de que Blandi tenga una y la meta, que Sánchez Miño suba o en definitiva en acertar un pleno en alguna pelota parada. Enfrente estaba Newell´s, lejos el mejor equipo argentino del momento.
No obstante en ningún momento de la serie, quedó evidenciado quien era el puntero del certamen y quien era el anteúltimo. En primer lugar, es otro torneo. Y la motivación de Boca cuando de la Copa Libertadores se trata.
Con eso, y una estructura sólida, le bastó a Boca para maniatar el juego vistoso y electrizante que propone el Leproso, que casi nunca pudo hacer su juego. Los 180´ se dieron casi como lo pensó Bianchi –con la excepción del desenlace- y la jugada que fue bisagra del partido. Rondando el primer cuarto de hora del complemento, una buena jugada de Riquelme, derivó en un tiro en el palo de Blandi. En la réplica, Clemente hizo un foul táctico para frenar el contragolpe y se llevó la merecida amarilla. Pero en un segundo de locura, “pecheó” al árbitro Germán Delfino y lo obligó a expulsarlo.
Ahí se terminó el partido del Xeneize en ataque. Bianchi sacó al único punta, Blandi, y metió a Zarate para reforzar la línea de cuatro. El tan mentado gol de visitante nunca llegó. Tampoco el local tuvo muchas ideas para abrir el cerrojo y hubo lugar para los penales, que tantas veces le dio alegría a Boca y a Bianchi. Pero esta vez la suerte no acompañó. Se patearon 13 penales, y la victoria fue para Ñuls, 10 a 9.
Habrá tiempo para hacer un análisis. Habrá que corregir errores. Pero de cara a lo que viene, cuando un equipo llega hasta cuartos de final de un torneo como la Libertadores, y de la forma en la quedó eliminado –sin perder en la serie-, son motivos de orgullo y de esperanza para el semestre que viene. Sin dramatizar, este plantel con algunos retoques, tiene con que afrontar futuros compromisos.

BOCA: Orión 7; Marín 6, Caruzzo 5, Pérez 7, Clemente 3; Erbes 5, Somoza 6, Erviti 6 (Juan Manuel Martínez), Sánchez Miño 5 (Ribair Rodríguez); Riquelme 5, Blandi 5 (Zarate 5)

sábado, 20 de abril de 2013

Equipo sin altura



Boca cayó ante Toluca en México por 3 a 2 y ahora deberá enfrentar ni más ni menos que al último campeón de la Libertadores, Corinthians. El conjunto de Bianchi volvió a jugar más y pagó caro sus errores defensivos.



El panorama no podría ser peor de cara a los octavos de final. El equipo que parecía tener una leve mejoría hasta la catástrofe de San Juan, volvió a retroceder y cayó ante Toluca por 3 a 2. Ahora ni más ni menos que Corinthians, un rival de temer, pero lo que más preocupa no es el adversario, último campeón de la Copa, sino que el problema es el propio nivel de Boca. El principal enemigo de Boca es Boca, valga la redundancia.
Un equipo con errores en defensa, de técnica, táctica y concepto, juegue quien juegue en esa línea de cuatro no es garantía de nada. Por eso, por más que se enciendan de una buena vez los delanteros, los horrores defensivos hacen que todo se caiga como un castillo de naipes. Parece que a los rivales no les cuesta nada generar situaciones y tampoco convertirlas en gol.
Hoy Agustín Orión es el único jugador que está en su nivel. Ni siquiera Juan Román Riquelme pero al Diez le basta jugar en cinco puntos para ser uno de los pocos que no aplazan los exámenes. El enganche perdió dos pelotas que derivaron en dos goles. El primero y el último. Pero caer a Román no solo es un error sino que es una blasfemia por lo que dio pero también porque las pocas situaciones de gol que el equipo genera también son culpa suya.
El primer tanto llegó en un contragolpe en que Toluca se aprovechó de la flamante defensa de Boca. Leandro Marín, lateral de los juveniles argentinos anteriores que volvió de ostracismo de la época de Falcioni en la que no jugó ni un solo minuto, tuvo que bailar con la más fea que es Edgar Benítez y por allí vino la primera conquista de los aztecas. En definitiva, el joven lateral no fue un desastre pero tampoco una maravilla, merecería otra chance, porque si eso fuera poco no fue el peor de la defensa. Tampoco el más malo fue Magallán, que debutó como titular en la Libertadores. Pero hubo dos jugadores que volvieron a jugar muy mal, casi por enésima vez desde que llegaron a Boca; Caruzzo y Albín. Uno tuvo culpa en el primer gol y el otro se durmió y no cumplió con la orden que le dio Orión de cubrir el primer palo. Además ninguno dio seguridad en todo el desarrollo del partido.
Un Boca que se arrastraba por la cancha encontró el empate en el momento menos esperado y con el intérprete menos esperado. Leandro Somoza, de cabeza, aprovechó un centro bárbaro de Riquelme y con la complicidad del arquero, igualó. Premio para un jugador de lo más castigados por sus actuaciones, pero que no se esconde más alla de sus ineficiencias tácticas, técnicas y físicas.
El empate debía haber sido una especie de inyección anímica para Boca. Pero salió adormecido, con un comportamiento pasivo y alarmante. No extrañó el segundo gol de Toluca, más allá de la  mano grosera en la mitad de la cancha en el comienzo de la jugada. Lamentablemente tampoco sorprende la pasividad con la que Flavio Santos cabeceó solo y mucho menos que el jugador pasivo que lo habilitó fuera Albín.
Es increíble con lo fácil que le cabecean a Boca, pero eso no terminó ahí. El Xeneize trató de despertarse un poco. Y llegó el empate, gracias a una réplica perfectamente conducida con la paciencia de Roman, que cedió para Blandi quien leyó muy bien la jugada y entregó para que Pol Fernández a la carrera metiera el empate.
El 2 a 2 servía más que nada para la inyección anímica de cara a la etapa decisiva. Quedaba poco tiempo. Pero la defensa de Boca es una obra maestra del terror. Increíblemente nadie cubrió el primer palo, pese a que Orión se lo pidió a sus compañeros (dicen que Erviti debió ocupar ese lugar pero ya había sido reemplazado, de ser así, si el CT no sugirió que alguien lo reemplace en dicha función es un error). Y otra vez Flavio Santos cabeceó solo.
Así Boca perdió la chance de quedar mejor posicionado. Igualmente con el empate en dos goles poco hubiera servido, de todas maneras tendría que ir a Brasil pero a enfrentar a Fluminense. Pero ahora el rival es Corinthians. Tal vez el miedo al ridículo, sirva para que este equipo se una por fin, este atento. La empresa es difícil, tal vez imposible. Pero hasta que no empiece a rodar la pelota, nadie puede sacarnos la esperanza. Porque somos Boca. Y seguramente tampoco en San Pablo se deben haber alegrado con que Bianchi, Riquelme y los suyos tengan que visitar su ciudad.
BOCA: Orión 6; Marín 5, Magallán 5, Caruzzo 4, Albín 4; Fernández 6, Somoza 6, Erviti 5; Riquelme 5; Martínez 5, Blandi 5

miércoles, 30 de enero de 2013

Historia conocida


El River de Ramón no pudo con los juveniles de Boca y empataron 0 a 0. En los penales, el Xeneize no titubeó y volvió a amargar a su eterno rival.


Cuando Carlos Bianchi dejó trascender que iba a poner un equipo alternativo para enfrentar a River en Mendoza. Muchos habrán pensado, esta historia ya la vi. Uno de los que debe haber pensado eso fue ni más ni menos que Ramón Díaz, quien hace trece veranos atrás dejaba a River, tras perder un partido ante los juveniles de Boca.
Esta vez no hubo derrota para el riojano en los noventa minutos. Pero su cara lo decía todo cuando el partido se moría y el destino de los penales era inevitable. A las excusas de los penales, al menos esta vez tiene el aliciente de que enfrente tuvo a un equipo que defendió más de lo que jugó. Y que contragolpeó poco y nada.
Difícilmente vean la paja en el ojo ajeno, cuando ellos diez atrás habían esperado agazapado para achicar espacios una vez que Boca pasaba la mitad de la cancha. Bianchi le dio una sobredosis de su propia medicina. Y a River lo incomodó de sobremanera.
En el primer tiempo se repartieron la tenencia de la pelota. Salvo en el primer minuto, cuando Ponzio encontró libre a Funes Mori, quien definió apresurado. Muchos pensaban que era la continuación del duelo anterior, ya que un River rápido se aprovechaba de un dubitativo y lento Boca.
Pero de a poco, los pibes Xeneize se hicieron dueño de la mitad de la cancha, y la paridad era un hecho. Sin generar situaciones, Boca hacía su plan a la perfección. Claro, con la salvedad de que no encontraba profundidad. Si el plan era abortar los intentos de Vangioni y evitar dejar a Mora cara a cara con los defensores, todo era excelente. Pero faltaba punch arriba.
En el complemento, todo empeoró. La paridad en la tenencia pasó a la historia. Ponzio se hijo eje. Vangioni le empezó a ganar a un cansado Alan Aguirre y River insinuaba más peligro que Boca. Pero solo quedó en insinuaciones. Casi no generó situaciones netas y si hubo una oportunidad clara de gol fue para el Xeneize. Pol Fernández quedó sólo, pero la pelota nunca le quedó cerca para el remate, Barovero salvó, el rebote le quedó a Erbes, quien definió por encima del portero pero Vangioni salvó en la línea.
Fue la chance más clara de todo el partido. Hubiese sido injusto. Pero poco importan en un superclásico los méritos. Importó la actitud de un Boca sacrificado, solidario y trabajador que se vio en inferioridad de condiciones ante este River sobredimensionado tras el primer triunfo en Mardel.
En los penales hubo emoción pero Boca demostró su hombría y sobriedad. Marcaron Erbes, Viatri, Pol, Blandi y hasta Cellay. Ustari tuvo su noche de gloria defendiendo el arco de Boca. Y la primera alegría grande del verano llega a través de los penales. Bianchi debe estar conforme con que los soldados cumplieron su función de abofetear a River de cara al duelo de Córdoba y poner las cosas a mano prácticamente. El desempate es en solo cuatro días. Con Martínez, Silva y Paredes, tiene que verse otro Boca en ofensiva.
SINTESIS
BOCA: Ustari 8; Albin 5, Cellay 6, Gmo Burdisso 6, Evangelista 6; Aguirre 6 (Bravo 5), Erbes 8, Pol Fernández 6, Colazo 6; Viatri 5, Blandi 5