miércoles, 30 de enero de 2013

Con el Burrito es otra cosa


Boca despachó a Independiente por 3 a 0 en su despedida de la costa. La versión mejorada del equipo de Bianchi tuvo como causa fundamental a Martínez que debutó y marcó por duplicado dándole otra fisonomía al ataque Xeneize. El gol restante lo anotó el uruguayo Silva quien necesitaba mojar para abrir el arco.


Hay dos cosas fundamentales para destacar de la goleada de Boca sobre Independiente en Mar del Plata. La primera es que la cifra fue exagerada y la segunda es que Carlos Bianchi encontró en Juan Manuel Martínez un jugador distinto que le puede dar muchas alegrías y que desequilibra como ningún delantero lo ha hecho desde los tiempos de Rodrigo Palacio o Carlos Tevez.
Este equipo tiene cosas que puede hacer acordar a aquel equipo del 98. Con una delantera que se conoce de memoria y un enganche con pinceladas de talento como Leandro Paredes, que debe transformarse en el nuevo Riquelme, de la misma forma en la que Román constituyó su leyenda. De a poco.
El resto del equipo mostró una leve mejoría. Magallán otro que debutaba evidenció su presencia, empezando a desequilibrar con el juego aéreo en el área de enfrente. En el mediocampo, tuvo sacrificio y entrega con Ribair Rodriguez. El uruguayo salió reemplazado en el segundo tiempo pero demostró que no le va a pesar la camiseta.
La primera parte fue pareja. El Rojo tuvo sus oportunidades, pero primero Sosa y después Caruzzo evitaron las conquistas en la línea de gol. No obstante, Boca demostraba que cada vez que tomaba la bola el Burrito, podría ocurrir algo distinto. Y eso sucedió en la anteúltima jugada de la etapa inicial. El nuevo Siete bravo de Boca la paro y enganchó de izquierda a derecha para sacar el zurdazo bajo que se le metió a Hilario Navarro.
Con la diferencia, Boca se retrasó en el campo y le cedió el balón al cuadro de Avellaneda, que inquietó en el primer cuarto de hora en el complemento pero de a poco su ataque fue mermando. De a poco, el Xeneize volvió a tener el partido controlado y lo liquidó sobre el final. Una buena jugada con muchos pases, encontró un pase delicioso con el taco de Erviti para dejar solo con Hilario al Burrito, quien otra vez de zurda definió y liquidó la historia.
Quedaba tiempo para otra Burrada. Pero esta vez fue de un defensor de Independiente; Julián Velázquez quiso salir jugando y no hizo más que dejar de cara al gol al uruguayo Silva, quien no perdonó para sacar su mufa y anotar su primera conquista en este 2013.
El 3 a 0 es un poco exagerado por lo que se vivió en la cancha. Pero abre la esperanza a través del fútbol del Burrito Martínez, quien entró como si siempre hubiese jugado en Boca. Se acopló a Silva, y esa dupla promete mucho. Lo mismo que Paredes, que debe levantar todavía. Pero el Xeneize ya no depende pura y exclusivamente de él.
SINTESIS
BOCA: Orión 6 (D´Angelo); Sosa 6, Caruzzo 7, Magallan 6, Clemente 6; Ribair Rodriguez 6 (Pol Fernández 6), Somoza 6, Erviti 6, Paredes 6 (Bravo); Martinez 9 (Acosta), Silva 6

viernes, 25 de enero de 2013

Titulares o no, esa no es la cuestión


Bianchi decidió poner el supuesto equipo de gala frente a Independiente y preparar un once alternativo frente a River. Viendo los rendimientos en el último semestre y en los clásicos ¿Quien es más suplente? ¿Somoza o Erbes? ¿Albin o Sosa?



Carlos Bianchi es de esos técnicos que lo tomas o lo dejas. No hay termino medio. Para muchos puede ser soberbio. Para otros respetuoso. Nosotros lo queremos por su capacidad. Lo cierto es que el entrenador sabe lo que quiere y un partido de verano no va a modificar su pensamiento. Aunque sea River ese equipo.
En algo tiene razón el Virrey, Boca debe jugar tres partidos en siete días. Luego tendrá un descanso semanal, y empieza la doble competencia a full. Por lo tanto debe dosificar esfuerzos. Y de la mejor manera, es que los jugadores pesados jueguen cada siete días y no cada diez. Además hay jugadores que necesita jugar ya, y sacarse la mochila pesada de la derrota en Mar del Plata. Contra Independiente, si bien la presión va a estar como siempre, no será para tanto. Además jugadores que están bajo la lupa, como el caso de Somoza o Franco Sosa.
Por otra parte, se suele decir que Bianchi tiene de igual de contentos a los que juegan y a los que no.  Que muestra mejor de confianza es ponerlos en un clásico. Además un mediocampo compuesto por Fernández, Erbes y Colazo no es mucho menos que Ribair, Somoza o Erviti. O Albin no es menos que Franco Sosa. Lo que preocupa es el armado del resto de la defensa, porque los reemplazantes de Clemente Rodríguez.
Para jugar contra Independiente, Bianchi pondría estos once; Orión; Franco Sosa, Magallan, Caruzzo, Clemente Rodríguez (podría ingresar Evangelista en su lugar debido a la molestia que tuvo durante la semana); Ribair, Somoza, Erviti; Paredes; el Burrito Martínez y Silva. Para ir a Mendoza para enfrentar a River; se espera el ingreso de Albín y el de Guillermo Burdisso, que se recupera de una molestia- Caruzzo mantendría su lugar y la duda sería Clemente-. Otro que estaría listo para reaparecer sería Ledesma que se podría sumar al mediocampo que se compondría por Pol Fernández, Erbes y Colazo. Si no entra Pablito, podría optar por seguir dándole rodaje a Paredes, dependiendo de su rendimiento ante el Rojo. Arriba la dupla lógica sería Acosta y Viatri.
Habrá que ver cual es más competitivo de las dos alineaciones. Lo cierto es que Bianchi le quemó los papeles a Ramón Díaz que esperaba no tener presiones, pero el entrenador riojano sabe los problemas que le dieron las formaciones alternativas Xeneizes. En 2000, los chicos del Virrey le ganaron 2 a 1 y provocaron su renuncia. Dos años después, ahora con el Maestro Tabarez en frente los juveniles de la ribera le propinaron un 4-0 durísimo.

Paso en falso



No hay nada para ver o hay poco para resaltar. Pero no hay que dramatizar. Eso Carlos Bianchi lo sabe bien. Se perdió un clásico, con todo lo que eso significa, pero es un partido del verano. No obstante cuando el otro equipo vive en la amargura eterna es lógico que se agrande y se pondere la victoria, más cuando esto ocurre tres años después de la última vez, y en el medio hay un descenso para River. Muchas tristezas, y por fin una alegría.
Pero no estamos acá para hablar del ¿Millonario? Boca no jugó bien, con un andamiaje lento y cansino por momentos, sin sorpresa, y bastante endeble abajo. Sin embargo, hay que analizar el partido desde el minuto cero. Y en ese comienzo, el Xeneize tomó la iniciativa. Parecía que estaba claro quien jugaba la Libertadores y quien viene de ascender. Pero esa tenencia no se cristalizó en situaciones claras ni en profundidad. Solo tuvo dos claras, las dos de Silva; la primera cabeceó solo pero por arriba y la siguiente definió al cuerpo de Barovero, en la única jugada precisa de Paredes a lo largo del partido. Después le faltó serenidad para empezar a hilvanar las jugadas, sobretodo teniendo en cuenta que Lautaro Acosta era el hombre más incisivo de Boca pero no podía dar el último pase.
Entonces, River de a poco, empezó a darse cuenta que podía atacar. Y Vangioni no se apiadó del inexpresivo Sosa, quien indeciso para atacar y manso para defender fue una invitación constante para el ex Newell´s.  De a poco, el dominio pasó a ser del ex equipo del ascenso. Y esa supremacía se acentuó en el complemento.
A Boca cada vez se lo notó con menos piernas. Algo esperado para un equipo titular con un promedio de edad de 28 años (teniendo en cuenta los 18 abriles de Paredes, queda claro que el Xeneize tiene un plantel longevo, por lo tanto que los futbolistas estén más duros es hasta lógico). No son excusas, si no detalles que sirven para desdramatizar la derrota, que llegó en los últimos veinte minutos.
Ponzio tomó un rebote tras una contra en la que Boca quedó mal parado pero la había sacado del área como pudo. No obstante, el volante riverplatense recogió el balón y con todo el tiempo del mundo se la cedió a Vangioni en una jugada previsible para todo el mundo menos para Sosa que durmió la siesta y permitió el centro del otrora Leproso. El balón áereo sobró a Burdisso, tal vez la lesión con la que terminó sirve como aliciente, y le cayó justo a Mora, que de cabeza, abrió el marcador.
Era algo lógico. El mediocampo compuesto por viejitos no tan piolas –teléfono, Somoza- necesitaba un ingreso que revitalice las fuerzas pero llegó recién después del gol. El ingreso de Ribair puede parecer poco ambicioso pero teniendo en cuenta el banco de suplentes con la contaba Bianchi había pocas alternativas -¿Por qué el “prescindible” Chavez en el banco y no Colazo?- , salvo poner a Viatri antes. No obstante fue justamente el recién ingresado volante uruguayo tuvo la más clara para empatar –desborde de Clemente mediante- pero definió horriblemente.
El segundo gol fue algo lógico dentro de un trámite entre un equipo agrandado mentalmente contra uno golpeado sin reservas ni anímicas ni físicas. Otra vez Mora. Si bien insistimos que el 2 a 0 no es para dramatizar, y aun si la ventaja hubiese sido mayor como pudo haber ocurrido en los últimos diez minutos, no deja de ser un partido de verano sobretodo para Bianchi que nunca le dio mucha importancia, y no lo va hacer ahora.
No obstante, hay actuaciones individuales que preocupan como el caso de Sosa y el de Somoza. No se explica porque insistir con el tucumano cuando está Albín, lateral de la Sub23 uruguaya y con experiencia en un club grande como Peñarol. Es cierto no tiene tanta marca, pero tiene más presencia en ataque. Lo de Somoza se entiende menos. La única explicación que se encuentra es que el entrenador prefiera por un jugador por experiencia y con liderazgo, pero todas esas cualidades quedan de lado cuando entra al campo y es pasado como poste, y cuando recupera una pelota la juega como si sobrara la situación.
Después el resto, puede ser discutido hay jugadores con nivel bajísimo pero que tienen condiciones para recuperarse. Caso Ledesma, Erviti o Guillermo Burdisso. Lo de Paredes es entendible desde el punto de vista de su juventud lo que lo pone naturalmente en una marea de irregularidad. Lo positivo fue el trabajo en el primer tiempo de Lautaro Acosta, que complicó más de lo esperado.
SINTESIS
BOCA: Orión 5; Franco Sosa 3, Caruzzo 5, Guillermo Burdisso 4, Clemente Rodríguez 5; Ledesma 5 (R. Rodríguez), Somoza 4, Erviti 5; Paredes 5 (Viatri); L. Acosta 5, Silva 4

jueves, 29 de noviembre de 2012

Así te queremos ver



Boca sacudió el sueño de Racing pero lo más importante el nivel que tuvo el equipo, que da para esperar con ilusiones el 2013.


Otro sería el Sprint final de Boca en el campeonato si Erviti no hubiese empatado el clásico sobre la hora. Aquel empate termina siendo bisagra para los dos equipos. Hoy River pena y se quedó sin técnico –si es que Almeyda alguna vez lo fue-, mientras que Boca de a poco se empieza a reconstruir.
Aquel triunfo sobre San Lorenzo había parecido un espejismo tras la frustrante final de la Supercopa y los amargos empates ante Colón y Newell´s –con buen primer tiempo-. Pero la victoria sobre Velez trajo la tranquilidad de los tres puntos para encarar el duelo con Racing. Un equipo que venía mucho más inflado de lo que realmente es.
Hay méritos de Falcioni en esta levantada, es cierto. Pero también hubo defectos del entrenador que provocaron que Boca prácticamente quede afuera de la lucha a mitad de torneo y que haya echo un primer tiempo en el superclásico que rozó el papelón. Insistir con Chavez, es un claro ejemplo.
Uno de los responsables de este envión es sin dudas Leandro Paredes, que con atrevimiento, ya marcó más goles en el torneo que Viatri por citar algún caso. El pibe, pese a no jugar en su puesto de enganche, se esmera para dar que hablar y ser la esperanza del futuro de la institución.
El otro caso impactante es el de Erbes. Finalmente, Falcioni sacó a uno de sus protegidos, Somoza. Lo hizo primero por suspensión, después por lesión. A Erbes le bastó un partido, contra San Lorenzo, para demostrar que puede ser el cinco de Boca. Dinámica y despliegue le aportó al mediocampo, además de buena ubicación y pase a los compañeros, algo que parece natural y simple pero que el ex Velez hace mucho que no lo hacía.
La tercera pata del trípode en el que Boca se apoyó para encarrilar su rumbo es Guillermo Fernández. Tal vez sea injusto, nombrarlo en tercer lugar, porque es el mas regular. Le aporta también profundidad, y buen juego, algo que los experimentados Rivero y Ledesma no le podían aportar.
Erviti y Silva son soldados de Falcioni. Y se están sintiendo cada vez más cómodos en su rol de líder. Algo que deberá caer en ellos, y en Orión, ahora que se va Schiavi. Por eso, más allá de las actuaciones sólidas de Caruzzo y Guillermo Burdisso, el Xeneize necesita un caudillo en el fondo.
Cuando el Laucha Acosta no jugaba todos esperaban que le diera el vértigo que Boca necesitaba. Hasta el partido con la Academia, el ex Lanus solo había demostrado insinuaciones en los cotejos que ingresó desde el banco de suplentes (Independiente por la Sudamericana, Estudiantes o River). Tiene el crédito abierto, porque es el mejor socio que puede tener Silva, y sobretodo, porque el físico no lo ayudó.
A los que se les acabó el crédito es a Cellay y al Pochi Chavez. Somoza, lugarteniente del DT, deberá aceptar su rol de suplente sea quien fuera el entrenador. En cambio, Clemente, Viatri, Rivero y Ledesma (los mas experimentados del clan riquelmista), deberán subordinar a esa misma situación, con excepción del tres, quien por ahora, más que por descarte que por otra cosa, debe continuar en el inicial.
La frescura de los tres juveniles le da a Boca otra forma de encarar el año que viene. Si bien, las matemáticas todavía dan la lucha al título como posible, lo cierto es que la situación es complicada. Lo mejor es esperar a 2013, con estos chicos, algún refuerzo de categoría, sumado  Sánchez Miño afuera por lo menos hasta marzo de las canchas (sería casi una incorporación más). Además es hora que también tengan su oportunidad Cristian Alvarez, Orfano, Marin, Fragapane. Todos juveniles para seguir abasteciendo hasta que Boca que construye Pared por pared para ser otra vez protagonista.

lunes, 29 de octubre de 2012

Otra B será


Boca le empató a River en la última jugada después de estar dos goles abajo y consiguió un 2 a 2 que no le sirve mucho, pero deja a su eterno rival sin la posibilidad de cargar y cerca, otra vez, de la zona de descenso.


¿Se puede festejar un empate en una de las peores actuaciones de Boca en el Monumental? Con niveles individuales flojísimos y rendimiento colectivo paupérrimo en casi todas las líneas, el Xeneize rescató un empate de la galera, pero más que por méritos propios fue por desaciertos del adversario, que no sólo no supo liquidarlo sino que cometió errores infantiles, dignos de un equipo recién ascendido que se acomoda a la categoría.
Al minuto, Ponzio con un tiro libre dejó en evidencia que Orión esta fuera de ritmo, tras su lesión. Un tiro libre desde lejos terminó en la red, con la única escala de un bote a tierra, en las narices del ex arquero de San Lorenzo. A partir de ahí, River fue más. Sobretodo en actitud. En presencia en la mitad de la cancha. Y en juego.
Igualmente, esta claro que no hay que ser ni el Barcelona ni el Bayern para superar a Boca en el juego. Desde que Román dejo huérfano la conducción del equipo, el Xeneize no tiene identidad. El medio, con Somoza como símbolo, no paran ni al subte, y la defensa tuvo tiempos mejores. El Flaco Schiavi al borde del retiro hizo lo que pudo. Pero Mora se hizo un festín. SI el uruguayo hubiese tenido compañía otra hubiese sido la historia pero David Trezeguet se quedó en Francia y en el Monumental jugó su primo Gastón.
Ni Chavez ni Erviti hacían cosas productivas y Sanchez Miño esta en un bajón pronunciado de su nivel. Viatri vive lejos del área y Silva pelea más de lo que juega. Sin embargo, con pocas ideas, escaso volumen de juego, y nada de profundidad, el equipo de Falcioni casi pateó la misma cantidad de veces que River.
El 1 a 0 parecía corto en el primer tiempo, pero en el complemento Boca tuvo la actitud que se reclamaba. El ingreso de Acosta le dio más presencia en el área pero no tantas situaciones. Es que el mal de Boca es su juego. Eso no varió con respecto a otros encuentros. En el mejor momento del Xeneize llegó un nuevo golpe que parecía ser nocaut. Pase de Sánchez, golazo de Mora. Premio para la figura de la cancha.
Era impensado que este Boca levantase este encuentro. Pero la camiseta pesa y hace temblar a cualquiera. River sigue siendo el mismo que descendió. Podrá jugar mejor que Boca, pero lo respeta y le teme demasiado. Era un partido, desde el primer minuto, para propinarle una goleada histórica y acallar las cargadas del descenso por un buen tiempo.
Pero River demostró porque descendió. Y porque si no se despierta puede ser reincidente. Penal completamente infantil de González Pirez. Silva lo cambió por gol. Parecía que empezaba otro partido que Boca iba a arrinconar a su eterno archienemigo pero nada de eso paso. Los plumíferos la llevaron bien, hasta que Almeyda hizo una de las suyas. Sacó a Mora, dejó al errático Trezeguet.
Los espacios que River no aprovechó, sumados a la voluntad de Boca, que fue más que nada por obligación e inercia que por otra cosa, modificaron el resultado. Llegó el contragolpe liderado por Paredes, el centro de Acosta, el pase con el pecho de Silva y el gol de Erviti para desatar la locura. El marplatense de flojísimo primer tiempo pasó a ser el superhéroe de la tarde.
¿Se puede festejar un empate así? La respuesta es ambigua. Jugando así Boca va a perder todo lo que juega pero la sensación es que si no perdió este domingo con River, es solamente porque la camiseta sigue pesando. Los de Nuñez podrán tener un karma nuevo que es la B, pero su karma eterno sigue siendo Boca Juniors. Eso es inobjetable. Boca equipo tiene que tener la seguridad de que debe mejorar. No siempre va a enfrentar a rivales que le teman como le teme River. Jugando asi con otra camiseta hubiese caído por goleada. Pero River, ahora es Riber. Y nos regaló un empate.
RIVER 2-BOCA 2
RIVER: Barovero 5; Mercado 4, Pezzella 5, Botinelli 4, Ramiro Funes Mori (Gonzalez Pirez 4); Sánchez 6, Cirigliano 5, Ponzio 7, Aguirre (Rojas 4); Mora 8 (Rogelio Funes Mori), Trezeguet 3
BOCA: Orión 4; Albin 5, Schiavi 4, Burdisso 4, Clemente 3 (Acosta 6); Chavez 5 (Paredes), Somoza 4, Erviti 5, Sánchez Miño 5 (Colazo 4); Viatri 4, Silva 6

domingo, 12 de agosto de 2012

La Copa de la vida


La victoria en la renaciente Copa Argentina le da a Boca un nuevo comienzo y la tranquilidad de que el esfuerzo del semestre pasado dio réditos  con ganar un torneo.


Tanta agua pasó debajo que parece una eternidad. Desde esa noche en el Pacaembu en el que terminó una era, solo pasaron poco más de un mes, pareció un año. Pero sin Riquelme, Boca quedó vacío de fútbol –demostrado en el debut ante Quilmes- y en los primeros minutos ante Racing.
Cuando se esperaba que Falcioni vuelva a su dibujo fetiche 4-4-2 apostó por mantener el enganche y darle la confianza al Pochi Chavez, quien había sido vital en el torneo que ganó Boca cuando tuvo que remplazar al lesionado Riquelme, pero que este año no había tenido un buen nivel.
Poco fútbol, mucho pelotazo. Poco juego asociado, pero mucha fricción. La Academia empezó mejor pero Sand definió mal. En la jugada siguiente, Silva aprovechó un error defensivo –pase de Ustari, lo que demuestra, lo que fue Boca, puro pelotazo- y definió con la misma frialdad que lo caracterizo en Velez y en Banfield.
En el complemento, ingresó Sanchez Miño y Boca tuvo otra clara. Más profundo con el tándem del joven volante y Clemente, quienes armaron la jugada del segundo gol, conseguido por Viatri. Después tuvo muchas chances para liquidar la historia, con cabezazo en el travesaño incluido pero el Xeneize perdonó.
El descuento inmediato de Viola agregó dramatismo al cotejo pero Boca aguantó. Y pudo definir la historia pero volvió a faltar en la puntada final. Racing tuvo las suyas pero Sand no estuvo en su día. El festejo llegó a modo de desahogo. La Copa era de Boca, y ahora quedará tiempo para mejorar. El desafío para Falcioni es darle cancha al jugador distinto que tiene Boca, que es Sanchez Miño y ver si puede ser titular el nuevo refuerzo, Lautaro Acosta.

viernes, 6 de julio de 2012

Mi único héroe en este lío



El adiós del más grande ídolo de Boca pone fin a la era más maravillosa de la historia del club. La desazón es peor aun que las derrotas que dejaron a Boca sin Copa y sin torneo.


¿Era todo? Pregunté, siempre un iluso” dice la canción de los Redondos “Esa estrella era mi lujo”, ojalá todo sea una pesadilla, pero Román se va de Boca. Tal vez para siempre. El dolor de no verlo más con la camiseta Xeneize es superior al ocasionado por la derrota. Es el fin de una era. Aquella que empezó en 1996 y parece terminar de una forma inesperada.
La interna del plantel con el cuerpo técnico pudo haber sido la causa pero el desencadenante es realmente poco claro. Sorpresivo. Porque se da en un año en que el Diez cuando jugó y las lesiones lo permitieron, lo hizo de buena forma. Sin alcanzar el nivel de 2007, le alcanzó para marcar el rumbo de un equipo que apostó por todo y está al borde de quedarse sin nada. Pero vale el esfuerzo.
Pero eso es otra historia. Esta historia arrancó por noviembre de 1996, el día que por primera vez Riquelme pisó la Bombonera. Con su juego pausado y elegante enamoró a toda La Bombonera esa misma tarde. Su primer gol llegó semanas después en un 6 a 0 a Huracán. Al año siguiente, jugó poco con el Bambino Veira pero hubo un hecho que marcó lo que se venía. En el último partido de Diego Maradona, lo reemplazó en el entretiempo y colaboró para que Boca de vuelta el partido ante River. Un superclásico. Un clásico fue el resultado final, como casi siempre sucedió.
Pero lo que lo pone a Roman por encima de otros ídolos fue su participación en las Copas de la mano de Bianchi. Un juvenil Riquelme le dio brilllo al bicampeonato del Virrey pero fue en la Libertadores 2000 en la que empezó a tomar vuelo propio, por encima de otros ídolos como Guillermo y Palermo.
Los duelos ante River quedaron en el recuerdo. El gol en la ida. El penal en la vuelta que sentenció la historia. Un tiro desde los doce pasos que fue bisagra para los dos colosos del fútbol argentino. Uno fue derecho al Paraíso. El otro empezó a sumar fracasos, mirar con envidia a su archirrival y terminó en el infierno mismo. ¿Será por eso que lo odian tanto?¿O será la envidia de que él haya ganado más Copa Libertadores que River en toda su historia?
La épica no quedó así. Decisivo en los duelos ante el ex Millonario no son tan determinantes para ganarse el mote del ídolo más grande del equipo más grande del país. Hubo tantos. No es tan difícil. La epopeya se la ganó en Brasil primero. Torazo en rodeo ajeno. En la final del 2000 y en la Semi de 2001 ante Palmeiras –este fue el partido perfecto, gol incluido-. O la victoria sobre el Real con pase gol incluido, pero sobretodo por como controló el partido debajo de su suela.
En 2002, el romance tuvo su paréntesis. En Barcelona no tuvo lugar por los caprichos del DT pero en Villarreal encontró su segunda casa futbolística, metiendo al modesto equipo español en semifinal de Champions League. Luego recuperó su lugar en la Selección; fue líder del equipo albiceleste que mejor jugó en la era post Maradona en un Mundial, fue reemplazado cuando una asistencia suya ponía a Argentina, por primera vez entre los cuatro mejores del mundo después de 16 años. Pero el empate alemán arruinó los sueños. Los envidiosos de siempre le echaron la culpa a Riquelme.
La gran Copa América del año siguiente y la actuación en las Eliminatorias –en ambos torneos fue el goleador de la Selección, aun después de su salida tras el conflicto con Diego- no sirvieron para acallar las críticas mal intencionadas. Tampoco la medalla dorada en los JJ. OO. La envidia mata. La Selección sin Román estuvo a punto de quedarse afuera de Sudáfrica 2010.
Pero en el patio de su casa, como el llamó a la Bombonera, volvió a vivir. La maravillosa producción en la Libertadores 2007 como artillero del campeón, con ocho tantos –tres convertidos en la serie final ante Gremio- lo catapultaron definitivamente al sitio de ídolo máximo. Algo que quedó demostrado tras la ruptura con Maradona, en el que el hincha común, lo puso como ídolo máximo.
Los títulos locales de 2008 y  de 2011, ambos sin Palermo en cancha, ratificaron esta cuestión de máximo superhéroe Xeneize o Bostero. Por las copas, por los títulos, por los superclásicos, por todo esto; Roman es para Boca, lo que Maradona para la Selección. El mejor de todos. El ídolo. Pasan los años, pasan los jugadores, y es verdad Boca seguirá en pie gracias a su gente. Pero no habrá ninguno igual. Pero algún día, alguien preguntará por él. Y todos diremos “que Román fue el más grande”. No será el único héroe de este lío, hubo otros, pero él sencillamente fue el más héroe de todos.