martes, 26 de enero de 2016

La impunidad de River y la complicidad de los medios


Lo de ayer fue un bochorno y un paupérrimo partido de fútbol. El nivel mostrado no fue digno de todo lo que merece un partido de la historia de los Boca-River. Pero el culpable de fue sólo Boca. Enfrente tuvo un equipo, que en su momento fue inflado por los medios como si fuera la versión vernácula del Barcelona y de los Culés solo tiene la manchas de la pedofilia causada por un equipo magnánimo como el de Messi ante uno que hasta no hace mucho jugaba en la B, y que en otros momentos se dedicó a pegar como pocas veces se vio. ¿Cuánta diferencia hay entre la patada de Silva a Mercado con la de Vangioni a Gago en la ida de la Libertadores? Realmente poca. Solo el arbitro.
Desde que el amable D´Onofrio tomó la posta en lugar del rancio Passarella, River fue beneficiado en casi todos los aspectos de los clásicos. Todo empezó con aquel empate 1 a 1 en Mar del Plata hace dos años, cuando una plancha de Maidana a Orión provocó el empate de River y la expulsión del Cata Díaz. Luego se siguió con el lateral doble en Córdoba y se llego al Pitanazo en la Bombonera.  Parecía algo normal. Simples errores humanos. Pero lo peor estaba por venir.
En el empate pasado por agua, el por entonces aclamado River de Gallardo o- el Barcelona de Guardiola o quizás el Milan de Sacchi o la inoxidable Naranja Mecánica, por aquel tiempo no había diferencias- enfrentaba al modesto Boca del Vasco. Una expulsión por una mano inexistente de Gago volcó el contexto del partido, que incluyo rojas obviadas a jugadores de River y una contra invalidada a Calleri cuando se iba junto a Chavez para marcar el segundo. Todo estas situaciones irregulares se encapsularon en el partido según los expertos en un partido accidentado y desnaturalizado por las condiciones climatológicas, y hasta se llegó a decir que la no suspensión del partido había favorecido a Boca, debido a la tremenda superioridad que tenía el equipo de Gallardo. O sea en limpio. El árbitro favoreció a Boca porque no pospuso el match. Un disparate.
Luego paso lo que todos conocemos. La brutalidad de los jugadores de River en los duelos por la Sudamericana se substituyó por la “la personalidad” de los mismos, nuevos próceres de la escuela del paladar negro.  Meses después, cuando un árbitro decidió usar el reglamento en un superclásico el River de Gallardo se comió la goleada del siglo.
La serie por la Libertadores fue el principal ejemplo. Las patadas criminales de Vangioni y Funes Mori a Gago y Pérez, respectivamente –la primera muy similar a las del sábado pasado en la Bombonera- no tuvieron el impacto mediático que corresponde. Luego ocurrió la locura de la revancha y los medios lanzaron su promoción del mito del abandono.
El blindaje mediático que se lanzo para proteger a River que fue a una hospital donde no hay guardia oftalmógica y para condenar a Boca. Llama mucho la atención que hablen de abandono los hinchas que rompieron su estadio para impedir la vuelta olímpica de un modesto equipo de la B, tres días después que interrumpieron el cotejo de ida para que no le metan goles y para pegarle a sus jugadores. Es abandono doble. Pero los medios hasta que juegan con las palabras y ratifican el falso abandono de Boca. ¿Un equipo que tiene 45 minutos para marcar un gol a otro que no piso el área en los tres últimos antecedentes en ese estadio iba a abandonar para evitar ese seguro festejo rival? No tiene ningún tipo de análisis.
La verdad es que tras el descenso River y sus medios afines intenta equiparar su tragedia de alguna manera con Boca y habla de la deshonra del abandono. Un abandono que nunca existió. ¿Pero si hubiese sido cierto puede hablar River de abandonos? En 1928 en la máxima goleada de la historia por 6 a 0 el capitán de River pidió al arbitro que se termine. Años después en el primer clásico oficial River abandonó el campo disgustado por un fallo arbitral. Más cerca en el tiempo en un cotejo de verano la hinchada de River originó disturbios para culminar la goleada histórica de 4 a 0 en 2002. Y hay testigos de abandonos de River. Preguntenle a los hinchas de Banfield cuando la barra brava de River suspendió el cotejo en el Sur cuando perdían 5 a 0.
Insólito que esa gente le hable a otros de abandonos. No sorprende porque quieren inventar su propia épica.  El equipo que nunca quiso jugar el partido, con la irrupción del soberbio D´Onofrio incluida, que pidió los puntos en una manifestación a la Conmebol le habla a otros de abandonos. Insolito esto solo puede pasar con la complicidad de los medios.
Después de todo esto, todo los medios se razjaron las vestiduras cuando Boca fue favorecido en la final de la Copa Argentina. Ningun hincha de Boca quedó contento con lo que pasó. Es lo que nos diferencia de River, que fue a pedir ganar un partido en el escritorio de la Conmebol. Lo que realmente aterrorizó a los medios no fue la injusticia que sufrió Central, sino que el favorecido fue Boca. Nadie se preocupó cuando el perjudicado es el Xeneize.
El fin de semana pasado, Boca jugó mal, pegó demasiado pero parece que fue el único culpable del dolor de ojos que fue el Superclásico. Enfrente hubo un equipo que no generó ni una llegada de gol, aun con dos jugadores más.

Sólo queda mirar para adelante. Aceptar los errores propios –que son muchos- y aprender para que se no vuelvan a cometer. Boca tiene los jugadores para salir adelante. Solo tiene que creer y no perder la humildad. No dejarse llevar por los elogios malintencionados y las críticas despiadadas que provocan que Boca ande por un tobogán de euforia y luego desazón pronunciado que da como resultado partidos como el del sábado en Mar del Plata. 

domingo, 24 de enero de 2016

La locura de Boca, la impunidad de River y la complicidad de los medios (Primera parte)

Boca perdió el clásico de verano pero el resultado es lo de menos. El equipo volvió a mostrar errores infantiles ante el rival de toda la vida, pegó más de lo que jugó y entró en el juego del rival, protegido por los árbitros y los medios. El Xeneize no sufrió una goleada solo por la incapacidad ofensiva del adversario.

Diez minutos tardó la ilusión del hincha de ver a un Boca distinto al de los últimos tiempos. El equipo del Vasco Arruabarrena volvió a pecar de ingenuo y, pasado de revoluciones, cayó ante River sin atenuantes.
De nada sirve ponerse a pensar que hubiera pasado si los arbitrajes en los duelos coperos hubiesen sido tan estrictos como el de Patricio Lousteau en la noche marplatense. Solo hay que pensar con frialdad de ahora en más y en no cometer errores infantiles. No estamos hablando solo en lo que le debe haber pasado por la cabeza a Jonathan Silva para pegar la patada que pateó –al menos fue a pedirle disculpas a Mercado, cuando Pavón todavía está esperando la disculpa de Vangioni del verano pasado-. La respuesta es simple. Fue un pecado de juventud, influenciada por el ímpetu de demostrar que tiene lo que tiene que tener para jugar en Boca y ganarse la primera ovación. Llegó tarde y el error lo pagó caro. La mayor preocupación pasa por los líderes del equipo.
Tevez se fue del partido con el penal infantil que cometió. El Apache apenas jugó veinte minutos. Ese error lo hizo perderse en la mediocridad general. Poco hizo. Lo preocupante pasa por que un líder de esa característica comete semejante tontería. Quizás no pensó que Lousteau se iba a animar a cobrar el penal, capaz no recordó que la animosidad que tiene este arbitro con el equipo desde aquel partido del Clausura 2011, que marcó la bisagra hacia el descenso de los primos. Desde en ese cotejo, cada vez que puede el referí le cobra todo lo que puede en contra de Boca. Lo que está bien cobrado y lo dudoso. Todo. No perdona una. Lo mismo pasa por el Cata Díaz, más allá de la injusticia que sufrió –Viudez ni siquiera fue amonestado en una jugada similar a la de Peruzzi, que vio roja directa-. El capitán del equipo no puede dejarnos con tres jugadores menos ante el clásico rival.
Hay poco para rescatar como positivo. La firmeza de Tobio fue el único dato alentador. Quizas podramos sumar la polifuncionalidad y sacrificio de Jara o Meli. Alguna pincelada de la categoría de Osvaldo –quien lamentablemente también decidió en pelear más de lo que jugó-. Realmente es muy poco para un equipo que se cree superior a los rivales antes de jugar.
En el último año, Boca perdió ante Racing y San Lorenzo y mejor no hablar de las series coperas con River –hasta la pimienta, Boca no había estado a la altura de las circunstancias-. Otra vez volvió a fallar. Otra vez pequeños detalles le impide sacar resultados positivos. Anoche fueron de los más experimentados y de los más jóvenes. Todos jugaron para que Boca vuelva a Buenos Aires con una goleada histórica. Pero no fue así, porque River fue incapaz de generar situaciones de gol, aun con dos jugadores más.

Lo que es cierto es que más alla de todo lo que pasó en los últimos tiempos. Boca depende de Boca. La impunidad y la suerte de River pronto se va a terminar. Demostró en la cancha que tiene poco y nada. Boca tiene que jugar y aprender de los errores. Meter cuando hay que meter. Pero de forma bien intencionada y inteligentemente.  Material sobra. Falta tranquilidad.

viernes, 6 de febrero de 2015

Paseo por la montaña

Boca trituró a River por 5 a 0 para dejar sepultado, de una vez por todas, el pobre 2014 y esperar con ansias el año que empieza. El Xeneize aprovechó todo los errores que cometió su archirrival, y cuando aceleró hizo historia. Su rival apeló a la misma receta que en la copa, pero esta vez tuvo un arbitro que apeló al reglamento y su mentira de fútbol champagne se cayó como un castillo de naipes.

Cuando terminó 2014, nadie podía imaginarse semejante verano. Con la herida abierta de la eliminación en la Sudamericana, Boca encaró este nuevo año con la misión en primer lugar de lograr la clasificación a la fase de grupos, pero también debía cortar la maléfica racha ante River. Era algo impostergable.
En el primer chico, Arruabarrena decidió guardar a todos los titulares, excepto a Nico Colazo, por quien no tenía reemplazante hasta ese momento en el plantel.
La jugada le salió bien. Un gol del chiquilin Franco Cristaldo y muchas soberbias actuaciones como la de Pavón, Pablo Pérez, Guille Sara, Guille Burdisso, Fuenzalida, Cubas (pese a la roja) y Carrizo le permitieron al Vasco darse cuenta que tiene varios soldados que le pueden salvar las papas cuando sea necesario. 
El equipo titular no fue menos. Le ganó ajustada pero merecidamente a Velez. Calleri puso todo, solo le faltó el gol. Gago se pareció al Gago que nos deslumbró a todos cuando debutó en Primera. Meli estuvo en todas partes y la defensa cumplió casi sin sobresaltos. Y Nico Colazo metió un zurdazo que se convirtió en un golazo que sirvió para la clasificación a la Libertadores, con todo lo que eso significa.
Y así se llegó, al clásico de Mendoza. La victoria en Mar del Plata relajó y descomprimió para el duelo ante Velez, pero la herida seguía abierta. Los clásicos no son amistosos. Se jueguen en la Boca, Nuñez, Mar del PLata o Mendoza solo sirve ganar.
Al River de Gallardo, después de Mar del Plata, se le empezó a dar cuenta cual es su verdadera cara. La de un equipo golpeador durante el partido y descontrolado en desventaja. En Mendoza, pasó lo mismo pero aumentado a la décima potencia.
Leonel Vangioni demostró no tener todos los jugadores en su cerebro. Solo así se explica como le entró al chico Palacios,  a los diez minutos, luego de venir de lesionar a dos jugadores de Boca; el burrito Martínez y el pibe Pavón. ¿Pero que se le puede pedir a este muchacho? ¿Quien le va hacer entrar en razón? ¿El Muñeco Gallardo, el mismo que rasjuño al pobre Pato Abbondanzieri? Pero eso es un problema de River.
La idea millonaria para frenar a Boca fue golpear tanto en los amistosos como en la Copa. Parece que para demostrar caracter o personalidad, hay que lastimar jugadores contrarios. Afortunadamente esta vez hubo un arbitro que hizo valer el reglamentó y cobró lo que tenía que cobrar.
Pero el partido no lo desnaturalizó, la violencia de River, aunque lo pudo haber hecho. Sino que fue otra de las grandes mentiras de River, la que abrió el marcador. Ramiro Funes Mori hizo un pase hacia atrás increíble, provocó el resbalón de Maidana, y el pibe Cristaldo, aceleró y otra vez se la mandó a guardar al pobre de Barovero.
El segundo y el tercero fueron dos poemas a la perfección del contragolpe. Como para que no le echen culpas a un solo jugador. Uno llegó desde un costado y el otro desde el otro. Primero Chavez le puso un pase milimétrico a Palacios que definió bárbaro y luego se intercambiaron los roles; el tucumano asistió al Comandante para poner el 3 a 0 en media hora.
Ahí sí, llegó el festival de rojas de un arbitro que no se dejó amedrentar. Lo que no hizo Trucco en la Bombonera lo hizo Abal. River se quedó con 8. Mayada, Carlos Sánchez (el que le dio un puntapie criminal a Miño que provocó su caída y su luxación de hombro en el clásico de 2012) y Teo (alguien que lleva bien puesta la remera de River, habla más de lo que juega). Ante una patada de otro jugador, Gallardo le dijo socarronamente que lo eche. ¿O quería abandonar?
Increíblemente con la ventaja numérica parecía haber un pacto tácito para no seguir aumentando la goleada. Hasta que entró Jonathan Calleri. El exAll Boys metió un golazo y luego asistió al pibito Betancur, de apenas 17 años.
 El 5 a 0 es historia pura. Nunca hubo tanta distancia entre Boca y River. En el 82, Boca lo habia goleado como visitante por 5 a 1, en la otra victoria más abultada de la historia del profesionalismo. La más abultada sigue siendo el 6 a 0 de 1928 en pleno amateurismo.

martes, 18 de febrero de 2014

Violencia es mentir

El diario deportivo se ensañó con Bianchi y Boca, pero lo hace a través de datos erróneos, informando que Boca tiene un promedio pobre, aunque no le sobra nada, no es tan así. ¿Hay una mano negra para instalar la idea del desastre?

Que Boca es noticia lo sabemos. En las buenas. Y también en las malas. Por eso hoy el único diario deportivo del país decidió alarmar a todos los hinchas del club de la ribera con el tema del descenso. Los descensos de River e Independiente con apenas dos años de diferencia pusieron al Xeneize en la envidiosa situación de ser el único equipo grande que no descendió. Y hay cierto sector del periodismo que no solo pretende ver a la lona a Boca, sino que también a Bianchi y a Riquelme. Sabemos que los medios se mueven como los fondos buitres con total de conseguir la primicia de algo. Este canibalismo informativo hace que los medios se conviertan en medios de desinformación, aun en el utópico caso de que hubo buena fe, aunque sabiendo a los intereses que responde dicho matutino son los mismos que responde, por ejemplo, el ex presidente Mauricio Macri, que nunca perdonó ni nunca va a perdonar los desplantes del Virrey y Román en los tiempos de gloria. Pero es otro tema. ¿Es verdad que a Boca lo apremian los promedios, como para entitular “se va al descenso” o que “es una campaña de descenso”? Veremos por parte.
En primer lugar, este Boca juega mal. Muy mal. No hay que ser ningún iluminado para darse cuenta de eso. No solo eso, sino que no tiene la capacidad de reacción ante cualquier desgracia que pueda pasar. Paso en los partidos de verano, y ocurrió lo mismo ante Belgrano, que ante el primer error no supo levantarse. Un equipo sin alma. Algo que es una herejía para la tradición del Xeneize.
Pero por más desastre que sea, aseverar que este equipo va a descender, solo puede tratarse de un adivino o de una mano negra que prepara el camino para emparejar las cosas y que los cinco grandes hayan descendido aunque sea una vez.
Pasemos analizar los puntos que tiene el cuadro auriazul. Para esta temporada, no va a haber ningún tipo de problemas, Boca está segundo, gracias –vaya paradoja del destino- a la gran campaña de Falcioni en el Inicial 2012. El problema surgiría para 2015.
Pero todavía faltan 17 fechas para terminar este año futbolero. Este Boca para la 2014-15 no va a estar tan oxigenado pero arrancaría noveno junto a Racing y a Estudiantes entre los equipos que dividen por tres campañas. Pero nadie habla de un posible descenso de la Academia. Con 81 puntos, Boca no tiene nada que le sobre pero no está para aseverar una condena segura. Por ejemplo, River descendió en 2011 con 139 en seis torneos, Boca tiene 81 en 3 certamenes y dos partidos del cuarto.
Pero el problema no pasa por ahí se podría decir de que quieren vender y las noticias apocalípticas en este mundo en que los valores éticos están más devaluado que el peso venden. Pero de ahí a decir que Boca tiene 1, 06 de promedio apenas 6 decimas más que el último que descendería es una falacia  malintencionada. El verdadero promedio de Boca es 1,372. Incluso hasta el Boca de Bianchi si tomamos los dos torneos que dirigió el Virrey es 1,263.  
Tal vez, el diario conducido por un reconocido hincha de River, apuesta a que el descenso se de en la temporada 2015-16. Pero para eso debería hablar de que Boca tiene 30 puntos, para esa temporada, el Millonario 25 y el grande de Avellaneda que ahora permanece en Primera posee apenas 19.
Pero sería bastante iluso de nuestra parte suponer que esa campaña es por la simpatía futbolera de tal o cual periodista. Esto va más allá. Hay alguien ligado a Boca que quiere que a Bianchi y a Riquelme le vaya mal, porque nunca los tragó y sus matrimonios fueron por conveniencia, y hasta podemos sospechar que también le tiene bronca a Angelici porque quiere volar solo. Esa persona que se mueve por la sombra es Macri, que ve en la debacle del Virrey la causa para sacárselo de encima para siempre. Y ve en ciertos sector del periodismo y en algún cipayo de la misma dirigencia los mejores aliados para dinamitar Boca.

Vale aclarar que esta nota no te tiene que sonar con soberbia como diciendo “somos Boca y no nos va a pasar lo de otros”. No es eso. La soberbia es una de las principales causas de porque le pasó eso a esos equipos, sobretodo al de Nuñez. Boca tiene que aprender de los errores propios y también de los ajenos para salir a flote. Esta nota tiene como objetivo de traer tranquilidad. Es el momento de levantarse, todavía esta a tiempo.

domingo, 29 de diciembre de 2013

2013: El final de un año ilógico

En el año del regreso de Bianchi, Riquelme y Gago a la institución, Boca no solo no ganó ninguno título, sino que estuvo lejos de hacerlo. El penúltimo puesto en el Final 2013 y la no clasificación a la Libertadores 2014 convirtieron un año plagado de ilusión en un año con números rojos en lo deportivo.


 Hace 12 meses cuando cualquier levantaba la copa para brindar imaginaba un 2013 lleno de logros. El tan ansiado regreso de Carlos Bianchi tras nueve años de siesta era una realidad, y había promesas de otros retornos de glorias como Riquelme o Gago para el verano que comenzaba. Este año que termina, fue bien distinto a lo que muchos soñábamos por aquel entonces. Pasaron tantas cosas, por cierto la mayoría malas que parece que fueron más de doce meses.
Es cierto, el año empezó mal barajado de entrada. La otra vuelta soñada, la de Riquelme, la que parecía segura, tardó más de la cuenta. Tuvieron que pasar las dos derrotas de verano contra River para que el ídolo recapacitara, se olvide de sus palabras y decida venir “a sufrir junto a Carlos”. Ese vaticinio, lamentablemente, es lo que finalmente, fue un año que se sufrió más de lo que se gozó.
El primer semestre tuvo a Boca con un andar errático por el torneo local y con una trabajosa clasificación a la segunda ronda de la Libertadores. Para ese certamen, Boca en octavos debía enfrentar a Corinthians, el último campeón. Contra todos los pronósticos, este equipo de Bianchi se hizo fuerte de visitante, rescató un punto con un golazo de Román y accedió a cuartos. En esa instancia, chocó con Newell´s y, pese a ser levemente superior en los 180 minutos, cayó en los penales.
Lo único que quedaba era salvar el honor y no salir último en el campeonato de entrecasa. Esa deshonra se evitó por un solo punto por encima del descendido Unión pero la peor campaña en torneos cortos era un hecho. Ni siquiera la Copa Argentina, trofeo que Boca defendía, pudo servir para bálsamo. El Xeneize fue eliminado en octavos por All Boys sin atenuantes.
Para el Inicial era hora de hacer un manotazo de ahogado. Boca se desprendió de Somoza, Lautaro Acosta, Silva, Erviti, Franco Sosa, Clemente Rodríguez, Viatri, Albín y Ustari, todos jugadores, salvo Erviti, que tuvieron un pobre desempeño en el último tiempo, pero sobretodo porque la mayoría nunca entendió lo que es Boca –excepto contadas excepciones-.
Para el Final, Boca decidió hacer pocas incorporaciones pero de renombre. Finalmente, Fernando Gago, esta vez, si volvió y mientras el físico se lo permitió tuvo grandes rendimientos como contra Velez o Racing, en los que condujo al equipo. Cata Díaz también retornó. La sorpresa fue Gigliotti, un jugador que tal vez trajo pocas expectativas cuando llegó pero cumplió con goles importantes como a la Academia, en su debut como titular, o contra River.
Parrafo aparte para los duelos contra el equipo de Ramón Díaz que dieron las únicas alegrías del año. En el primer clásico, en la Bombonera, con un equipo plagado de pibes, fue apenas empate. La fiesta fue en las tribunas, ya que se trataba del regreso de River a los superclásicos, tras su desaparición del fútbol grande un año atrás cuando descendió. El otro, en el Monumental, sin hinchas visitantes, Boca se las ingenió para ganar un clásico que tampoco quedará en las retinas de nadie por lo bien que jugaron los dos equipos, sino por el hecho de que se jugó con fans del anfitrión, nada más.
El sexto puesto compartido en este torneo fue un poco mentiroso. Boca peleó hasta el final de la anteúltima fecha pero salvó en algunos partidos, nunca tuvo nivel para ser verdadero protagonista, falló en partidos claves como contra CASLA, Newell´s y Arsenal pero aun podría haber sido campeón si le ganaba los últimos dos partidos de local a All Boys y a Gimnasia. No habla bien del Xeneize, sino que explica porque San Lorenzo es el campeón más mediocre de la historia de los torneos cortos. Este Boca terminó a solo cuatro puntos.

No obstante, este dato de que Boca, sin nada, casi pelea el campeonato no puede dejarse a un lado para desdramatizar lo que viene. El Xeneize tiene al mejor DT y jugadores claves, que sin lesiones puede fortalecer. Además de futbolistas, que amagaron pero todavía no encontraron su techo en el club como el Burrito Martínez, Sánchez Miño o Paredes. Lamentablemente, no habrá Copa para brindar este año pero el equipo tiene con que mejorar. Lo dijo Bianchi, con todos los contratiempos que tuvo y el nivel que mostró “es ilógico que salga campeón”. Sin embargo, hay material y sería lógico que este equipo mejore.

sábado, 22 de junio de 2013

Sin el pan, sin la torta, ni siquiera las migas

Boca se quedó afuera ante All Boys de la Copa Argentina dando una pálida imagen. Ya no hay excusas, el equipo necesita una renovación urgente.


Boca se quedó sin nada. Ni siquiera pudo asegurar la continuidad en la Copa Argentina ante el primer rival serio que se le presentó. Ni siquiera estuvo cerca de hacer un partido digno ante un rival de poco fuste como lo es All Boys, hoy. Pero este Boca se mete los goles solo y jerarquiza a los adversarios.
Ya le había ganado bien, en la tercera fecha, el equipo de Floresta. Pero quedaba la sensación de que ese Boca había evolucionado algo en su juego pero eso solo fue un espejismo que duró lo que duró la serie de la Libertadores. Una vez afuera del certamen continental, Boca se arrastró contra Racing y algo parecido ocurrió ante All Boys en Catamarca.
No hace falta hacer grandes producciones para ganarle a Boca. El equipo de Bianchi comete errores infantiles, tanto colectivos como individuales. Es inaceptable que un jugador de la experiencia de Clemente Rodríguez, que viene de hacerse expulsar contra Newell´s en el mejor momento de Boca, cometa ahora un penal al minuto de juego. Así el lateral hace olvidar sus páginas extensas de gloria y le pone el certificado de defunción de su campaña en el club. Gracias por todo pero ya fue. Boca está por encima de los nombres.
Después del gol, Boca intentó con Román como abanderado pero las cosas no salen. No hay un poco de suerte. Pero con ese fundamento no alcanza porque a la suerte hay que ayudarla. Y un equipo con poca profundidad y volumen de juego no colabora con que la fortuna se pose de su lado.
En el complemento, cuando parecía otra actitud, una desatención defensiva tras un centro frontal desde la mitad de la cancha, dejó a Borghello para poner el 2 a 0. Podía ser asunto liquidado pero Ledesma descontó cerca del final para poner un poco de dramatismo. Pero la sensación de cercanía al empate duró poco y nada. En una nueva contra, All Boys clavó el tercero.
Sin excusas, Boca se quedó afuera de un certamen que tiene poco renombre actualmente pero podría ser un atractivo bálsamo ya que lograría la clasificación a la próxima Libertadores. Igualmente pensar en eso, cuando el equipo no es capaz de ganar dos partidos seguidos es ser aventurero.
No obstante, la pálida producción demostró que este equipo necesita una profunda depuración en el plantel. Pero con eso no alcanza. Hay que traer jugadores de jeraquía.

FORMACIÓN: Orión 6; Marín 5, Caruzzo 5, Burdisso 5, Clemente 4 (Erviti); Ledesma 5, Somoza 5, Miño 5, Riquelme 5; Acosta 4 (Di Franco 5), Blandi 5

sábado, 1 de junio de 2013

Morir de pie


En una serie demasiado pareja, Boca se quedó afuera por penales en una definición dramática e infartante. La tonta expulsión de Clemente fue determinante.


En el fútbol se gana y se pierde. Esta vez la suerte fue esquiva. Pero cuando un equipo muere de pie, dejando todo, el dolor se atenua. Por eso, hay que estar orgulloso de este conjunto de Bianchi que peleó hasta el final, aun en inferioridad númerica.
Difícilmente un semestre mal parido desde el vamos podía terminar de otra forma. Un andar paupérrimo en el torneo local y un andar irregular en la Copa, con muchas lesiones de jugadores. En algunos a veces se lesionaba hasta el suplente del titular que también estaba averiado. Así fue la fortuna de Boca, en lo que va de 2013, y así fue el final.
Boca arriesgó demasiado jugando con un 4-4-1-1, dependiendo en demasía de lo que pueda hacer Román, de que Blandi tenga una y la meta, que Sánchez Miño suba o en definitiva en acertar un pleno en alguna pelota parada. Enfrente estaba Newell´s, lejos el mejor equipo argentino del momento.
No obstante en ningún momento de la serie, quedó evidenciado quien era el puntero del certamen y quien era el anteúltimo. En primer lugar, es otro torneo. Y la motivación de Boca cuando de la Copa Libertadores se trata.
Con eso, y una estructura sólida, le bastó a Boca para maniatar el juego vistoso y electrizante que propone el Leproso, que casi nunca pudo hacer su juego. Los 180´ se dieron casi como lo pensó Bianchi –con la excepción del desenlace- y la jugada que fue bisagra del partido. Rondando el primer cuarto de hora del complemento, una buena jugada de Riquelme, derivó en un tiro en el palo de Blandi. En la réplica, Clemente hizo un foul táctico para frenar el contragolpe y se llevó la merecida amarilla. Pero en un segundo de locura, “pecheó” al árbitro Germán Delfino y lo obligó a expulsarlo.
Ahí se terminó el partido del Xeneize en ataque. Bianchi sacó al único punta, Blandi, y metió a Zarate para reforzar la línea de cuatro. El tan mentado gol de visitante nunca llegó. Tampoco el local tuvo muchas ideas para abrir el cerrojo y hubo lugar para los penales, que tantas veces le dio alegría a Boca y a Bianchi. Pero esta vez la suerte no acompañó. Se patearon 13 penales, y la victoria fue para Ñuls, 10 a 9.
Habrá tiempo para hacer un análisis. Habrá que corregir errores. Pero de cara a lo que viene, cuando un equipo llega hasta cuartos de final de un torneo como la Libertadores, y de la forma en la quedó eliminado –sin perder en la serie-, son motivos de orgullo y de esperanza para el semestre que viene. Sin dramatizar, este plantel con algunos retoques, tiene con que afrontar futuros compromisos.

BOCA: Orión 7; Marín 6, Caruzzo 5, Pérez 7, Clemente 3; Erbes 5, Somoza 6, Erviti 6 (Juan Manuel Martínez), Sánchez Miño 5 (Ribair Rodríguez); Riquelme 5, Blandi 5 (Zarate 5)

sábado, 20 de abril de 2013

Equipo sin altura



Boca cayó ante Toluca en México por 3 a 2 y ahora deberá enfrentar ni más ni menos que al último campeón de la Libertadores, Corinthians. El conjunto de Bianchi volvió a jugar más y pagó caro sus errores defensivos.



El panorama no podría ser peor de cara a los octavos de final. El equipo que parecía tener una leve mejoría hasta la catástrofe de San Juan, volvió a retroceder y cayó ante Toluca por 3 a 2. Ahora ni más ni menos que Corinthians, un rival de temer, pero lo que más preocupa no es el adversario, último campeón de la Copa, sino que el problema es el propio nivel de Boca. El principal enemigo de Boca es Boca, valga la redundancia.
Un equipo con errores en defensa, de técnica, táctica y concepto, juegue quien juegue en esa línea de cuatro no es garantía de nada. Por eso, por más que se enciendan de una buena vez los delanteros, los horrores defensivos hacen que todo se caiga como un castillo de naipes. Parece que a los rivales no les cuesta nada generar situaciones y tampoco convertirlas en gol.
Hoy Agustín Orión es el único jugador que está en su nivel. Ni siquiera Juan Román Riquelme pero al Diez le basta jugar en cinco puntos para ser uno de los pocos que no aplazan los exámenes. El enganche perdió dos pelotas que derivaron en dos goles. El primero y el último. Pero caer a Román no solo es un error sino que es una blasfemia por lo que dio pero también porque las pocas situaciones de gol que el equipo genera también son culpa suya.
El primer tanto llegó en un contragolpe en que Toluca se aprovechó de la flamante defensa de Boca. Leandro Marín, lateral de los juveniles argentinos anteriores que volvió de ostracismo de la época de Falcioni en la que no jugó ni un solo minuto, tuvo que bailar con la más fea que es Edgar Benítez y por allí vino la primera conquista de los aztecas. En definitiva, el joven lateral no fue un desastre pero tampoco una maravilla, merecería otra chance, porque si eso fuera poco no fue el peor de la defensa. Tampoco el más malo fue Magallán, que debutó como titular en la Libertadores. Pero hubo dos jugadores que volvieron a jugar muy mal, casi por enésima vez desde que llegaron a Boca; Caruzzo y Albín. Uno tuvo culpa en el primer gol y el otro se durmió y no cumplió con la orden que le dio Orión de cubrir el primer palo. Además ninguno dio seguridad en todo el desarrollo del partido.
Un Boca que se arrastraba por la cancha encontró el empate en el momento menos esperado y con el intérprete menos esperado. Leandro Somoza, de cabeza, aprovechó un centro bárbaro de Riquelme y con la complicidad del arquero, igualó. Premio para un jugador de lo más castigados por sus actuaciones, pero que no se esconde más alla de sus ineficiencias tácticas, técnicas y físicas.
El empate debía haber sido una especie de inyección anímica para Boca. Pero salió adormecido, con un comportamiento pasivo y alarmante. No extrañó el segundo gol de Toluca, más allá de la  mano grosera en la mitad de la cancha en el comienzo de la jugada. Lamentablemente tampoco sorprende la pasividad con la que Flavio Santos cabeceó solo y mucho menos que el jugador pasivo que lo habilitó fuera Albín.
Es increíble con lo fácil que le cabecean a Boca, pero eso no terminó ahí. El Xeneize trató de despertarse un poco. Y llegó el empate, gracias a una réplica perfectamente conducida con la paciencia de Roman, que cedió para Blandi quien leyó muy bien la jugada y entregó para que Pol Fernández a la carrera metiera el empate.
El 2 a 2 servía más que nada para la inyección anímica de cara a la etapa decisiva. Quedaba poco tiempo. Pero la defensa de Boca es una obra maestra del terror. Increíblemente nadie cubrió el primer palo, pese a que Orión se lo pidió a sus compañeros (dicen que Erviti debió ocupar ese lugar pero ya había sido reemplazado, de ser así, si el CT no sugirió que alguien lo reemplace en dicha función es un error). Y otra vez Flavio Santos cabeceó solo.
Así Boca perdió la chance de quedar mejor posicionado. Igualmente con el empate en dos goles poco hubiera servido, de todas maneras tendría que ir a Brasil pero a enfrentar a Fluminense. Pero ahora el rival es Corinthians. Tal vez el miedo al ridículo, sirva para que este equipo se una por fin, este atento. La empresa es difícil, tal vez imposible. Pero hasta que no empiece a rodar la pelota, nadie puede sacarnos la esperanza. Porque somos Boca. Y seguramente tampoco en San Pablo se deben haber alegrado con que Bianchi, Riquelme y los suyos tengan que visitar su ciudad.
BOCA: Orión 6; Marín 5, Magallán 5, Caruzzo 4, Albín 4; Fernández 6, Somoza 6, Erviti 5; Riquelme 5; Martínez 5, Blandi 5

miércoles, 30 de enero de 2013

Historia conocida


El River de Ramón no pudo con los juveniles de Boca y empataron 0 a 0. En los penales, el Xeneize no titubeó y volvió a amargar a su eterno rival.


Cuando Carlos Bianchi dejó trascender que iba a poner un equipo alternativo para enfrentar a River en Mendoza. Muchos habrán pensado, esta historia ya la vi. Uno de los que debe haber pensado eso fue ni más ni menos que Ramón Díaz, quien hace trece veranos atrás dejaba a River, tras perder un partido ante los juveniles de Boca.
Esta vez no hubo derrota para el riojano en los noventa minutos. Pero su cara lo decía todo cuando el partido se moría y el destino de los penales era inevitable. A las excusas de los penales, al menos esta vez tiene el aliciente de que enfrente tuvo a un equipo que defendió más de lo que jugó. Y que contragolpeó poco y nada.
Difícilmente vean la paja en el ojo ajeno, cuando ellos diez atrás habían esperado agazapado para achicar espacios una vez que Boca pasaba la mitad de la cancha. Bianchi le dio una sobredosis de su propia medicina. Y a River lo incomodó de sobremanera.
En el primer tiempo se repartieron la tenencia de la pelota. Salvo en el primer minuto, cuando Ponzio encontró libre a Funes Mori, quien definió apresurado. Muchos pensaban que era la continuación del duelo anterior, ya que un River rápido se aprovechaba de un dubitativo y lento Boca.
Pero de a poco, los pibes Xeneize se hicieron dueño de la mitad de la cancha, y la paridad era un hecho. Sin generar situaciones, Boca hacía su plan a la perfección. Claro, con la salvedad de que no encontraba profundidad. Si el plan era abortar los intentos de Vangioni y evitar dejar a Mora cara a cara con los defensores, todo era excelente. Pero faltaba punch arriba.
En el complemento, todo empeoró. La paridad en la tenencia pasó a la historia. Ponzio se hijo eje. Vangioni le empezó a ganar a un cansado Alan Aguirre y River insinuaba más peligro que Boca. Pero solo quedó en insinuaciones. Casi no generó situaciones netas y si hubo una oportunidad clara de gol fue para el Xeneize. Pol Fernández quedó sólo, pero la pelota nunca le quedó cerca para el remate, Barovero salvó, el rebote le quedó a Erbes, quien definió por encima del portero pero Vangioni salvó en la línea.
Fue la chance más clara de todo el partido. Hubiese sido injusto. Pero poco importan en un superclásico los méritos. Importó la actitud de un Boca sacrificado, solidario y trabajador que se vio en inferioridad de condiciones ante este River sobredimensionado tras el primer triunfo en Mardel.
En los penales hubo emoción pero Boca demostró su hombría y sobriedad. Marcaron Erbes, Viatri, Pol, Blandi y hasta Cellay. Ustari tuvo su noche de gloria defendiendo el arco de Boca. Y la primera alegría grande del verano llega a través de los penales. Bianchi debe estar conforme con que los soldados cumplieron su función de abofetear a River de cara al duelo de Córdoba y poner las cosas a mano prácticamente. El desempate es en solo cuatro días. Con Martínez, Silva y Paredes, tiene que verse otro Boca en ofensiva.
SINTESIS
BOCA: Ustari 8; Albin 5, Cellay 6, Gmo Burdisso 6, Evangelista 6; Aguirre 6 (Bravo 5), Erbes 8, Pol Fernández 6, Colazo 6; Viatri 5, Blandi 5

Con el Burrito es otra cosa


Boca despachó a Independiente por 3 a 0 en su despedida de la costa. La versión mejorada del equipo de Bianchi tuvo como causa fundamental a Martínez que debutó y marcó por duplicado dándole otra fisonomía al ataque Xeneize. El gol restante lo anotó el uruguayo Silva quien necesitaba mojar para abrir el arco.


Hay dos cosas fundamentales para destacar de la goleada de Boca sobre Independiente en Mar del Plata. La primera es que la cifra fue exagerada y la segunda es que Carlos Bianchi encontró en Juan Manuel Martínez un jugador distinto que le puede dar muchas alegrías y que desequilibra como ningún delantero lo ha hecho desde los tiempos de Rodrigo Palacio o Carlos Tevez.
Este equipo tiene cosas que puede hacer acordar a aquel equipo del 98. Con una delantera que se conoce de memoria y un enganche con pinceladas de talento como Leandro Paredes, que debe transformarse en el nuevo Riquelme, de la misma forma en la que Román constituyó su leyenda. De a poco.
El resto del equipo mostró una leve mejoría. Magallán otro que debutaba evidenció su presencia, empezando a desequilibrar con el juego aéreo en el área de enfrente. En el mediocampo, tuvo sacrificio y entrega con Ribair Rodriguez. El uruguayo salió reemplazado en el segundo tiempo pero demostró que no le va a pesar la camiseta.
La primera parte fue pareja. El Rojo tuvo sus oportunidades, pero primero Sosa y después Caruzzo evitaron las conquistas en la línea de gol. No obstante, Boca demostraba que cada vez que tomaba la bola el Burrito, podría ocurrir algo distinto. Y eso sucedió en la anteúltima jugada de la etapa inicial. El nuevo Siete bravo de Boca la paro y enganchó de izquierda a derecha para sacar el zurdazo bajo que se le metió a Hilario Navarro.
Con la diferencia, Boca se retrasó en el campo y le cedió el balón al cuadro de Avellaneda, que inquietó en el primer cuarto de hora en el complemento pero de a poco su ataque fue mermando. De a poco, el Xeneize volvió a tener el partido controlado y lo liquidó sobre el final. Una buena jugada con muchos pases, encontró un pase delicioso con el taco de Erviti para dejar solo con Hilario al Burrito, quien otra vez de zurda definió y liquidó la historia.
Quedaba tiempo para otra Burrada. Pero esta vez fue de un defensor de Independiente; Julián Velázquez quiso salir jugando y no hizo más que dejar de cara al gol al uruguayo Silva, quien no perdonó para sacar su mufa y anotar su primera conquista en este 2013.
El 3 a 0 es un poco exagerado por lo que se vivió en la cancha. Pero abre la esperanza a través del fútbol del Burrito Martínez, quien entró como si siempre hubiese jugado en Boca. Se acopló a Silva, y esa dupla promete mucho. Lo mismo que Paredes, que debe levantar todavía. Pero el Xeneize ya no depende pura y exclusivamente de él.
SINTESIS
BOCA: Orión 6 (D´Angelo); Sosa 6, Caruzzo 7, Magallan 6, Clemente 6; Ribair Rodriguez 6 (Pol Fernández 6), Somoza 6, Erviti 6, Paredes 6 (Bravo); Martinez 9 (Acosta), Silva 6

viernes, 25 de enero de 2013

Titulares o no, esa no es la cuestión


Bianchi decidió poner el supuesto equipo de gala frente a Independiente y preparar un once alternativo frente a River. Viendo los rendimientos en el último semestre y en los clásicos ¿Quien es más suplente? ¿Somoza o Erbes? ¿Albin o Sosa?



Carlos Bianchi es de esos técnicos que lo tomas o lo dejas. No hay termino medio. Para muchos puede ser soberbio. Para otros respetuoso. Nosotros lo queremos por su capacidad. Lo cierto es que el entrenador sabe lo que quiere y un partido de verano no va a modificar su pensamiento. Aunque sea River ese equipo.
En algo tiene razón el Virrey, Boca debe jugar tres partidos en siete días. Luego tendrá un descanso semanal, y empieza la doble competencia a full. Por lo tanto debe dosificar esfuerzos. Y de la mejor manera, es que los jugadores pesados jueguen cada siete días y no cada diez. Además hay jugadores que necesita jugar ya, y sacarse la mochila pesada de la derrota en Mar del Plata. Contra Independiente, si bien la presión va a estar como siempre, no será para tanto. Además jugadores que están bajo la lupa, como el caso de Somoza o Franco Sosa.
Por otra parte, se suele decir que Bianchi tiene de igual de contentos a los que juegan y a los que no.  Que muestra mejor de confianza es ponerlos en un clásico. Además un mediocampo compuesto por Fernández, Erbes y Colazo no es mucho menos que Ribair, Somoza o Erviti. O Albin no es menos que Franco Sosa. Lo que preocupa es el armado del resto de la defensa, porque los reemplazantes de Clemente Rodríguez.
Para jugar contra Independiente, Bianchi pondría estos once; Orión; Franco Sosa, Magallan, Caruzzo, Clemente Rodríguez (podría ingresar Evangelista en su lugar debido a la molestia que tuvo durante la semana); Ribair, Somoza, Erviti; Paredes; el Burrito Martínez y Silva. Para ir a Mendoza para enfrentar a River; se espera el ingreso de Albín y el de Guillermo Burdisso, que se recupera de una molestia- Caruzzo mantendría su lugar y la duda sería Clemente-. Otro que estaría listo para reaparecer sería Ledesma que se podría sumar al mediocampo que se compondría por Pol Fernández, Erbes y Colazo. Si no entra Pablito, podría optar por seguir dándole rodaje a Paredes, dependiendo de su rendimiento ante el Rojo. Arriba la dupla lógica sería Acosta y Viatri.
Habrá que ver cual es más competitivo de las dos alineaciones. Lo cierto es que Bianchi le quemó los papeles a Ramón Díaz que esperaba no tener presiones, pero el entrenador riojano sabe los problemas que le dieron las formaciones alternativas Xeneizes. En 2000, los chicos del Virrey le ganaron 2 a 1 y provocaron su renuncia. Dos años después, ahora con el Maestro Tabarez en frente los juveniles de la ribera le propinaron un 4-0 durísimo.

Paso en falso



No hay nada para ver o hay poco para resaltar. Pero no hay que dramatizar. Eso Carlos Bianchi lo sabe bien. Se perdió un clásico, con todo lo que eso significa, pero es un partido del verano. No obstante cuando el otro equipo vive en la amargura eterna es lógico que se agrande y se pondere la victoria, más cuando esto ocurre tres años después de la última vez, y en el medio hay un descenso para River. Muchas tristezas, y por fin una alegría.
Pero no estamos acá para hablar del ¿Millonario? Boca no jugó bien, con un andamiaje lento y cansino por momentos, sin sorpresa, y bastante endeble abajo. Sin embargo, hay que analizar el partido desde el minuto cero. Y en ese comienzo, el Xeneize tomó la iniciativa. Parecía que estaba claro quien jugaba la Libertadores y quien viene de ascender. Pero esa tenencia no se cristalizó en situaciones claras ni en profundidad. Solo tuvo dos claras, las dos de Silva; la primera cabeceó solo pero por arriba y la siguiente definió al cuerpo de Barovero, en la única jugada precisa de Paredes a lo largo del partido. Después le faltó serenidad para empezar a hilvanar las jugadas, sobretodo teniendo en cuenta que Lautaro Acosta era el hombre más incisivo de Boca pero no podía dar el último pase.
Entonces, River de a poco, empezó a darse cuenta que podía atacar. Y Vangioni no se apiadó del inexpresivo Sosa, quien indeciso para atacar y manso para defender fue una invitación constante para el ex Newell´s.  De a poco, el dominio pasó a ser del ex equipo del ascenso. Y esa supremacía se acentuó en el complemento.
A Boca cada vez se lo notó con menos piernas. Algo esperado para un equipo titular con un promedio de edad de 28 años (teniendo en cuenta los 18 abriles de Paredes, queda claro que el Xeneize tiene un plantel longevo, por lo tanto que los futbolistas estén más duros es hasta lógico). No son excusas, si no detalles que sirven para desdramatizar la derrota, que llegó en los últimos veinte minutos.
Ponzio tomó un rebote tras una contra en la que Boca quedó mal parado pero la había sacado del área como pudo. No obstante, el volante riverplatense recogió el balón y con todo el tiempo del mundo se la cedió a Vangioni en una jugada previsible para todo el mundo menos para Sosa que durmió la siesta y permitió el centro del otrora Leproso. El balón áereo sobró a Burdisso, tal vez la lesión con la que terminó sirve como aliciente, y le cayó justo a Mora, que de cabeza, abrió el marcador.
Era algo lógico. El mediocampo compuesto por viejitos no tan piolas –teléfono, Somoza- necesitaba un ingreso que revitalice las fuerzas pero llegó recién después del gol. El ingreso de Ribair puede parecer poco ambicioso pero teniendo en cuenta el banco de suplentes con la contaba Bianchi había pocas alternativas -¿Por qué el “prescindible” Chavez en el banco y no Colazo?- , salvo poner a Viatri antes. No obstante fue justamente el recién ingresado volante uruguayo tuvo la más clara para empatar –desborde de Clemente mediante- pero definió horriblemente.
El segundo gol fue algo lógico dentro de un trámite entre un equipo agrandado mentalmente contra uno golpeado sin reservas ni anímicas ni físicas. Otra vez Mora. Si bien insistimos que el 2 a 0 no es para dramatizar, y aun si la ventaja hubiese sido mayor como pudo haber ocurrido en los últimos diez minutos, no deja de ser un partido de verano sobretodo para Bianchi que nunca le dio mucha importancia, y no lo va hacer ahora.
No obstante, hay actuaciones individuales que preocupan como el caso de Sosa y el de Somoza. No se explica porque insistir con el tucumano cuando está Albín, lateral de la Sub23 uruguaya y con experiencia en un club grande como Peñarol. Es cierto no tiene tanta marca, pero tiene más presencia en ataque. Lo de Somoza se entiende menos. La única explicación que se encuentra es que el entrenador prefiera por un jugador por experiencia y con liderazgo, pero todas esas cualidades quedan de lado cuando entra al campo y es pasado como poste, y cuando recupera una pelota la juega como si sobrara la situación.
Después el resto, puede ser discutido hay jugadores con nivel bajísimo pero que tienen condiciones para recuperarse. Caso Ledesma, Erviti o Guillermo Burdisso. Lo de Paredes es entendible desde el punto de vista de su juventud lo que lo pone naturalmente en una marea de irregularidad. Lo positivo fue el trabajo en el primer tiempo de Lautaro Acosta, que complicó más de lo esperado.
SINTESIS
BOCA: Orión 5; Franco Sosa 3, Caruzzo 5, Guillermo Burdisso 4, Clemente Rodríguez 5; Ledesma 5 (R. Rodríguez), Somoza 4, Erviti 5; Paredes 5 (Viatri); L. Acosta 5, Silva 4

jueves, 29 de noviembre de 2012

Así te queremos ver



Boca sacudió el sueño de Racing pero lo más importante el nivel que tuvo el equipo, que da para esperar con ilusiones el 2013.


Otro sería el Sprint final de Boca en el campeonato si Erviti no hubiese empatado el clásico sobre la hora. Aquel empate termina siendo bisagra para los dos equipos. Hoy River pena y se quedó sin técnico –si es que Almeyda alguna vez lo fue-, mientras que Boca de a poco se empieza a reconstruir.
Aquel triunfo sobre San Lorenzo había parecido un espejismo tras la frustrante final de la Supercopa y los amargos empates ante Colón y Newell´s –con buen primer tiempo-. Pero la victoria sobre Velez trajo la tranquilidad de los tres puntos para encarar el duelo con Racing. Un equipo que venía mucho más inflado de lo que realmente es.
Hay méritos de Falcioni en esta levantada, es cierto. Pero también hubo defectos del entrenador que provocaron que Boca prácticamente quede afuera de la lucha a mitad de torneo y que haya echo un primer tiempo en el superclásico que rozó el papelón. Insistir con Chavez, es un claro ejemplo.
Uno de los responsables de este envión es sin dudas Leandro Paredes, que con atrevimiento, ya marcó más goles en el torneo que Viatri por citar algún caso. El pibe, pese a no jugar en su puesto de enganche, se esmera para dar que hablar y ser la esperanza del futuro de la institución.
El otro caso impactante es el de Erbes. Finalmente, Falcioni sacó a uno de sus protegidos, Somoza. Lo hizo primero por suspensión, después por lesión. A Erbes le bastó un partido, contra San Lorenzo, para demostrar que puede ser el cinco de Boca. Dinámica y despliegue le aportó al mediocampo, además de buena ubicación y pase a los compañeros, algo que parece natural y simple pero que el ex Velez hace mucho que no lo hacía.
La tercera pata del trípode en el que Boca se apoyó para encarrilar su rumbo es Guillermo Fernández. Tal vez sea injusto, nombrarlo en tercer lugar, porque es el mas regular. Le aporta también profundidad, y buen juego, algo que los experimentados Rivero y Ledesma no le podían aportar.
Erviti y Silva son soldados de Falcioni. Y se están sintiendo cada vez más cómodos en su rol de líder. Algo que deberá caer en ellos, y en Orión, ahora que se va Schiavi. Por eso, más allá de las actuaciones sólidas de Caruzzo y Guillermo Burdisso, el Xeneize necesita un caudillo en el fondo.
Cuando el Laucha Acosta no jugaba todos esperaban que le diera el vértigo que Boca necesitaba. Hasta el partido con la Academia, el ex Lanus solo había demostrado insinuaciones en los cotejos que ingresó desde el banco de suplentes (Independiente por la Sudamericana, Estudiantes o River). Tiene el crédito abierto, porque es el mejor socio que puede tener Silva, y sobretodo, porque el físico no lo ayudó.
A los que se les acabó el crédito es a Cellay y al Pochi Chavez. Somoza, lugarteniente del DT, deberá aceptar su rol de suplente sea quien fuera el entrenador. En cambio, Clemente, Viatri, Rivero y Ledesma (los mas experimentados del clan riquelmista), deberán subordinar a esa misma situación, con excepción del tres, quien por ahora, más que por descarte que por otra cosa, debe continuar en el inicial.
La frescura de los tres juveniles le da a Boca otra forma de encarar el año que viene. Si bien, las matemáticas todavía dan la lucha al título como posible, lo cierto es que la situación es complicada. Lo mejor es esperar a 2013, con estos chicos, algún refuerzo de categoría, sumado  Sánchez Miño afuera por lo menos hasta marzo de las canchas (sería casi una incorporación más). Además es hora que también tengan su oportunidad Cristian Alvarez, Orfano, Marin, Fragapane. Todos juveniles para seguir abasteciendo hasta que Boca que construye Pared por pared para ser otra vez protagonista.

lunes, 29 de octubre de 2012

Otra B será


Boca le empató a River en la última jugada después de estar dos goles abajo y consiguió un 2 a 2 que no le sirve mucho, pero deja a su eterno rival sin la posibilidad de cargar y cerca, otra vez, de la zona de descenso.


¿Se puede festejar un empate en una de las peores actuaciones de Boca en el Monumental? Con niveles individuales flojísimos y rendimiento colectivo paupérrimo en casi todas las líneas, el Xeneize rescató un empate de la galera, pero más que por méritos propios fue por desaciertos del adversario, que no sólo no supo liquidarlo sino que cometió errores infantiles, dignos de un equipo recién ascendido que se acomoda a la categoría.
Al minuto, Ponzio con un tiro libre dejó en evidencia que Orión esta fuera de ritmo, tras su lesión. Un tiro libre desde lejos terminó en la red, con la única escala de un bote a tierra, en las narices del ex arquero de San Lorenzo. A partir de ahí, River fue más. Sobretodo en actitud. En presencia en la mitad de la cancha. Y en juego.
Igualmente, esta claro que no hay que ser ni el Barcelona ni el Bayern para superar a Boca en el juego. Desde que Román dejo huérfano la conducción del equipo, el Xeneize no tiene identidad. El medio, con Somoza como símbolo, no paran ni al subte, y la defensa tuvo tiempos mejores. El Flaco Schiavi al borde del retiro hizo lo que pudo. Pero Mora se hizo un festín. SI el uruguayo hubiese tenido compañía otra hubiese sido la historia pero David Trezeguet se quedó en Francia y en el Monumental jugó su primo Gastón.
Ni Chavez ni Erviti hacían cosas productivas y Sanchez Miño esta en un bajón pronunciado de su nivel. Viatri vive lejos del área y Silva pelea más de lo que juega. Sin embargo, con pocas ideas, escaso volumen de juego, y nada de profundidad, el equipo de Falcioni casi pateó la misma cantidad de veces que River.
El 1 a 0 parecía corto en el primer tiempo, pero en el complemento Boca tuvo la actitud que se reclamaba. El ingreso de Acosta le dio más presencia en el área pero no tantas situaciones. Es que el mal de Boca es su juego. Eso no varió con respecto a otros encuentros. En el mejor momento del Xeneize llegó un nuevo golpe que parecía ser nocaut. Pase de Sánchez, golazo de Mora. Premio para la figura de la cancha.
Era impensado que este Boca levantase este encuentro. Pero la camiseta pesa y hace temblar a cualquiera. River sigue siendo el mismo que descendió. Podrá jugar mejor que Boca, pero lo respeta y le teme demasiado. Era un partido, desde el primer minuto, para propinarle una goleada histórica y acallar las cargadas del descenso por un buen tiempo.
Pero River demostró porque descendió. Y porque si no se despierta puede ser reincidente. Penal completamente infantil de González Pirez. Silva lo cambió por gol. Parecía que empezaba otro partido que Boca iba a arrinconar a su eterno archienemigo pero nada de eso paso. Los plumíferos la llevaron bien, hasta que Almeyda hizo una de las suyas. Sacó a Mora, dejó al errático Trezeguet.
Los espacios que River no aprovechó, sumados a la voluntad de Boca, que fue más que nada por obligación e inercia que por otra cosa, modificaron el resultado. Llegó el contragolpe liderado por Paredes, el centro de Acosta, el pase con el pecho de Silva y el gol de Erviti para desatar la locura. El marplatense de flojísimo primer tiempo pasó a ser el superhéroe de la tarde.
¿Se puede festejar un empate así? La respuesta es ambigua. Jugando así Boca va a perder todo lo que juega pero la sensación es que si no perdió este domingo con River, es solamente porque la camiseta sigue pesando. Los de Nuñez podrán tener un karma nuevo que es la B, pero su karma eterno sigue siendo Boca Juniors. Eso es inobjetable. Boca equipo tiene que tener la seguridad de que debe mejorar. No siempre va a enfrentar a rivales que le teman como le teme River. Jugando asi con otra camiseta hubiese caído por goleada. Pero River, ahora es Riber. Y nos regaló un empate.
RIVER 2-BOCA 2
RIVER: Barovero 5; Mercado 4, Pezzella 5, Botinelli 4, Ramiro Funes Mori (Gonzalez Pirez 4); Sánchez 6, Cirigliano 5, Ponzio 7, Aguirre (Rojas 4); Mora 8 (Rogelio Funes Mori), Trezeguet 3
BOCA: Orión 4; Albin 5, Schiavi 4, Burdisso 4, Clemente 3 (Acosta 6); Chavez 5 (Paredes), Somoza 4, Erviti 5, Sánchez Miño 5 (Colazo 4); Viatri 4, Silva 6

domingo, 12 de agosto de 2012

La Copa de la vida


La victoria en la renaciente Copa Argentina le da a Boca un nuevo comienzo y la tranquilidad de que el esfuerzo del semestre pasado dio réditos  con ganar un torneo.


Tanta agua pasó debajo que parece una eternidad. Desde esa noche en el Pacaembu en el que terminó una era, solo pasaron poco más de un mes, pareció un año. Pero sin Riquelme, Boca quedó vacío de fútbol –demostrado en el debut ante Quilmes- y en los primeros minutos ante Racing.
Cuando se esperaba que Falcioni vuelva a su dibujo fetiche 4-4-2 apostó por mantener el enganche y darle la confianza al Pochi Chavez, quien había sido vital en el torneo que ganó Boca cuando tuvo que remplazar al lesionado Riquelme, pero que este año no había tenido un buen nivel.
Poco fútbol, mucho pelotazo. Poco juego asociado, pero mucha fricción. La Academia empezó mejor pero Sand definió mal. En la jugada siguiente, Silva aprovechó un error defensivo –pase de Ustari, lo que demuestra, lo que fue Boca, puro pelotazo- y definió con la misma frialdad que lo caracterizo en Velez y en Banfield.
En el complemento, ingresó Sanchez Miño y Boca tuvo otra clara. Más profundo con el tándem del joven volante y Clemente, quienes armaron la jugada del segundo gol, conseguido por Viatri. Después tuvo muchas chances para liquidar la historia, con cabezazo en el travesaño incluido pero el Xeneize perdonó.
El descuento inmediato de Viola agregó dramatismo al cotejo pero Boca aguantó. Y pudo definir la historia pero volvió a faltar en la puntada final. Racing tuvo las suyas pero Sand no estuvo en su día. El festejo llegó a modo de desahogo. La Copa era de Boca, y ahora quedará tiempo para mejorar. El desafío para Falcioni es darle cancha al jugador distinto que tiene Boca, que es Sanchez Miño y ver si puede ser titular el nuevo refuerzo, Lautaro Acosta.

viernes, 6 de julio de 2012

Mi único héroe en este lío



El adiós del más grande ídolo de Boca pone fin a la era más maravillosa de la historia del club. La desazón es peor aun que las derrotas que dejaron a Boca sin Copa y sin torneo.


¿Era todo? Pregunté, siempre un iluso” dice la canción de los Redondos “Esa estrella era mi lujo”, ojalá todo sea una pesadilla, pero Román se va de Boca. Tal vez para siempre. El dolor de no verlo más con la camiseta Xeneize es superior al ocasionado por la derrota. Es el fin de una era. Aquella que empezó en 1996 y parece terminar de una forma inesperada.
La interna del plantel con el cuerpo técnico pudo haber sido la causa pero el desencadenante es realmente poco claro. Sorpresivo. Porque se da en un año en que el Diez cuando jugó y las lesiones lo permitieron, lo hizo de buena forma. Sin alcanzar el nivel de 2007, le alcanzó para marcar el rumbo de un equipo que apostó por todo y está al borde de quedarse sin nada. Pero vale el esfuerzo.
Pero eso es otra historia. Esta historia arrancó por noviembre de 1996, el día que por primera vez Riquelme pisó la Bombonera. Con su juego pausado y elegante enamoró a toda La Bombonera esa misma tarde. Su primer gol llegó semanas después en un 6 a 0 a Huracán. Al año siguiente, jugó poco con el Bambino Veira pero hubo un hecho que marcó lo que se venía. En el último partido de Diego Maradona, lo reemplazó en el entretiempo y colaboró para que Boca de vuelta el partido ante River. Un superclásico. Un clásico fue el resultado final, como casi siempre sucedió.
Pero lo que lo pone a Roman por encima de otros ídolos fue su participación en las Copas de la mano de Bianchi. Un juvenil Riquelme le dio brilllo al bicampeonato del Virrey pero fue en la Libertadores 2000 en la que empezó a tomar vuelo propio, por encima de otros ídolos como Guillermo y Palermo.
Los duelos ante River quedaron en el recuerdo. El gol en la ida. El penal en la vuelta que sentenció la historia. Un tiro desde los doce pasos que fue bisagra para los dos colosos del fútbol argentino. Uno fue derecho al Paraíso. El otro empezó a sumar fracasos, mirar con envidia a su archirrival y terminó en el infierno mismo. ¿Será por eso que lo odian tanto?¿O será la envidia de que él haya ganado más Copa Libertadores que River en toda su historia?
La épica no quedó así. Decisivo en los duelos ante el ex Millonario no son tan determinantes para ganarse el mote del ídolo más grande del equipo más grande del país. Hubo tantos. No es tan difícil. La epopeya se la ganó en Brasil primero. Torazo en rodeo ajeno. En la final del 2000 y en la Semi de 2001 ante Palmeiras –este fue el partido perfecto, gol incluido-. O la victoria sobre el Real con pase gol incluido, pero sobretodo por como controló el partido debajo de su suela.
En 2002, el romance tuvo su paréntesis. En Barcelona no tuvo lugar por los caprichos del DT pero en Villarreal encontró su segunda casa futbolística, metiendo al modesto equipo español en semifinal de Champions League. Luego recuperó su lugar en la Selección; fue líder del equipo albiceleste que mejor jugó en la era post Maradona en un Mundial, fue reemplazado cuando una asistencia suya ponía a Argentina, por primera vez entre los cuatro mejores del mundo después de 16 años. Pero el empate alemán arruinó los sueños. Los envidiosos de siempre le echaron la culpa a Riquelme.
La gran Copa América del año siguiente y la actuación en las Eliminatorias –en ambos torneos fue el goleador de la Selección, aun después de su salida tras el conflicto con Diego- no sirvieron para acallar las críticas mal intencionadas. Tampoco la medalla dorada en los JJ. OO. La envidia mata. La Selección sin Román estuvo a punto de quedarse afuera de Sudáfrica 2010.
Pero en el patio de su casa, como el llamó a la Bombonera, volvió a vivir. La maravillosa producción en la Libertadores 2007 como artillero del campeón, con ocho tantos –tres convertidos en la serie final ante Gremio- lo catapultaron definitivamente al sitio de ídolo máximo. Algo que quedó demostrado tras la ruptura con Maradona, en el que el hincha común, lo puso como ídolo máximo.
Los títulos locales de 2008 y  de 2011, ambos sin Palermo en cancha, ratificaron esta cuestión de máximo superhéroe Xeneize o Bostero. Por las copas, por los títulos, por los superclásicos, por todo esto; Roman es para Boca, lo que Maradona para la Selección. El mejor de todos. El ídolo. Pasan los años, pasan los jugadores, y es verdad Boca seguirá en pie gracias a su gente. Pero no habrá ninguno igual. Pero algún día, alguien preguntará por él. Y todos diremos “que Román fue el más grande”. No será el único héroe de este lío, hubo otros, pero él sencillamente fue el más héroe de todos.

jueves, 31 de mayo de 2012

Todavía se puede


Boca siguió en camino en los tres frentes. No jugó bien pero reaccionó a tiempo frente a Rosario Central para vencerlo en los penales. Sebastián Sosa atajó un penal cuando el Xeneize perdía, luego empató Blandi. El pibe Cristián Alvarez le cambió la cara al equipo con su atrevimiento.

Un nuevo paso hacia la triple corona. Un nuevo paso sufrido. Como otros. Pero productivo y positivo por el solo hecho de seguir con vida en todas las competencias. Lo que ninguno otro equipo puede hacer. El empate con Central fue justo porque los dos hicieron méritos para ganarlo. Pero en los penales Boca sacó fuerza y se metió en semifinales.
A diferencia de lo que hizo, la semana pasada en su duelo por el Nacional B en el que armó un bodrio insoportable contra River, el Canalla salió con actitud de morder cada sector y tratar de lastimar de contragolpe. Sin embargo, los primeros 35 minutos fueron del Xeneize pero levemente.
Con la movilidad de los de arriba, Blandi, Viatri y Mouche, Boca fue más. Pero en el medio no ayudaron mucho, Sánchez Miño jugó uno de sus partidos más discretos en lo que va del año, no obstante le alcanzó para ser de lo mejor del mediocampo. La defensa tuvo desacoples, Caruzzo que venía levantando falló en el centro del gol, y Roncaglia estuvo muy incómodo sobretodo en defensa.
La ventaja fue inesperada para el cuadro rosarino que estuvo muy atrás durante esa etapa pero en el complemento empezó a insinuar con ciertas replicas que hicieron mover el avispero. Un torpe penal de Insaurralde, que sin el apadrinazgo del Flaco Schiavi, estuvo en un nivel mediocre, dejó a Boca con match point en contra. Pero el uruguayo Sosa que ya había salvado un mano a mano frente a Toledo, el autor del tanto rosarino, le detuvo el remate al mismo delantero.
No obstante, el cuadro de Falcioni siguió impreciso durante gran parte del partido. Recién cuando ingresó el juvenil Cristian Alvarez, quien con apenas 19 años, le aportó atrevimiento y desfachatez al equipo, y lideró la levantada. Una buena apertura de cancha, habilitó a Mouche para mandar el centro que sobró a Viatri, pero luego Blandi la empujó casi debajo del arco, faltando casi quince minutos.
En lo quedó del partido, el Xeneize hizo méritos para ganarlo. Lo tuvo Viatri que cabeceó a las manos de García y también Mouche que estrelló un tiro en el palo. Luego llegaron los penales y la alegría por la clasificación. A esta altura, poco importa el sufrimiento. Sí la actitud de darle una alegría a los hinchas en cada punto del país y del continente. Boca todavía puede pelear los tres frentes, y eso es lo que vale.
BOCA: Sosa 7; F. Sosa 5, Caruzzo 5, Insaurralde 5, Roncaglia 5; Chavez 4, Erbes 5 (C. Alvarez 7), Sánchez Miño 6; Viatri 6 (Paredes); Mouche 6, Blandi 7

martes, 29 de mayo de 2012

Tumbó al Cuco


Boca se aprovechó de un pobre Godoy Cruz, que nunca había perdido en La Bombonera. Con un Riquelme intratable, goleó tres a cero y sacó tres puntos de ventaja sobre Tigre y Arsenal.


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Después de la clasificación a semifinales de la Copa Libertadores, Boca volvió a meterse de lleno en el frente interno para defender la punta con todo. Lo hizo casi sin despeinarse, jugó un gran primera media hora, y cuando volvió a acelerar para edificar una goleada importante ante un rival, Godoy Cruz, que siempre lo complicó pero ya no es lo que era. 
El 3 a 0 fue lapidario y justo. El Tomba nunca alcanzó a inquietar y Boca generó muchas situaciones, gracias a la movilidad de los delanteros, pero sobretodo con un Riquelme iluminado. Con el 10 encendido, todo es más fácil. Si le dan espacio, encima, todo parece regalado. El enlace fue el gran tiritero para abastecer las subidas de Clemente, Erviti, y Rivero (recuperó la confianza tras el gol en Brasil y volvió a ser el del año pasado, pero se lesionó y faltará seguramente en el partido de ida de las semifinales)


El primer tanto llego luego que Clemente y Erviti erraran situaciones inmejorables. La apertura se logró gracias a un hermoso centro de Riquelme, que Insaurralde se anticipó al arquero y marcó el 1 a 0. Boca no sacó el freno pese a la ventaja. Lo tuvieron Cvitanich y Mouche, y el segundo arribó recién después que el cuadro mendocino saliera un poco. EN una contra, Clemente sacó rápido un lateral, centro de Mouche, la pelota le cayó justa a Román y este asistió a Cvita para el segundo.
En el complemento, Boca acusó el cansancio de atender tantos frentes pero los mendocinos fueron muy tímidos y casi que inquietaron poco y nada. En el segundo tiempo, parecía estar de más, hasta que llegó la nueva joyita de Román para asistir a Mouche -adelantadísimo- para poner una goleada en la chapa del resultado.
Faltó el gol del Diez. Lo intentó en la última jugada con una apilada fenomenal pero faltó suerte. No importa. Ya era demasiado. La clase de Román era para que aplaudan no solo los hinchas de Boca, sino todos los amantes del buen fútbol.
BOCA: Orión 6; Sosa 6, Schiavi 7, Insaurralde 7, Clemente 7; Rivero 7 (Chavez) , Somoza 7  (Erbes), Erviti 7 (Sánchez Miño); Riquelme 10; Cvitanich 7, Mouche 8

lunes, 28 de mayo de 2012

Revancha consumada

Boca eliminó a Fluminense con un empate agónico sobre la hora conseguido por Silva. No jugó bien, pero hizo valer la diferencia mínima conseguida en La Bombonera.








Es cierto que Boca no jugó para nada bien en Río de Janeiro. Pero también es verdad que cuando perdió el invicto en La Bombonera por la zona de grupos no había merecido caer, y no hubo muchos comentarios al respecto. Además Fluminense sólo tuvo más tiempo la pelota, pero no generó muchas situaciones. De esta manera, se vengó del único equipo brasileño que pudo eliminarlo en Copa Libertadores, a lo largo de este  siglo.
El partido no arrancó bien para Boca. Thiago Neves y Rafael Sobis estaban rápidos y generaban faltas cerca del área. El gol fue inesperado pero no porque Flu no fuera más, sino en la forma que se dio. El Xeneize hasta ese momento no había tenido aciertos en los pases, y eso complicó todo. El tanto fue a través de un tiro libre de Carleto, que se desvió en Rivero, y entró imprevistamente y mansamente en el arco de Orión.
El cuadro carioca fue más a lo largo de esa etapa, pero no cristalizó ese dominio con llegadas al arco defendido por Orión. En el complemento, Falcioni ajustó algunos retoques y el conjunto de la ribera tuvo otra actitud. Igualmente, los pocos avances netos eran para Flu.
Sin esforzarse tanto, al anfitrión se lo notó con algunas dudas atrás y con cierto temor a un gol de Boca que decidiera la cuestión. Pero Román parecía bien controlado, algo que atenta contra toda posibilidad Xeneize. Pero solo parecía. En el minuto noventa, Flu bajó la guardia esperando los penales, Riquelme quedó solo, y metió un pase como solo él puede hacer en el fútbol argentino y pocos en todo el continente, para la aparición de Rivero. La patriada del Burrito dio en el palo, el arquero la sacó casi de adentro, pero Silva, por las dudas, la empujó. Gol del uruguayo y delirio para todo el pueblo de la Boca.
Ahora se viene Universidad de Chile. Otra vez definirá de visitante. Los chilenos son algo ciclotímicos, capaces de hacer seis goles en una rueda, y después quedar al borde de la eliminación, a la que tuvo que recurrir a los penales para evitarla. Será un duro escollo. Pero Boca puede sortearlo. SI jugando mal, pasó. En un buen nivel puede lastimar a cualquiera. Lo que sí, deberá mejorar porque con este nivel demostrado en Rio no alcanza. Pero este Boca puede y sabe hacerlo mejor.
BOCA: Orión 6; Roncaglia 7, Schiavi 7, Insaurralde 6, Clemente 5; Rivero 6, Erbes 5 (Sánchez Miño), Erviti 5(Caruzzo); Riquelme 6; Cvitanich 4 (Mouche 6), Silva 6

martes, 22 de mayo de 2012

El retorno del heredero




Si algo le faltaba a Viatri para calzarse el mote de heredero de Palermo, era volver en un clásico como ante Racing y abrir el camino a la victoria por 2 a 0. El otro lo hizo Blandi. Con este resultado, Boca vuelve a la punta del torneo, cuando faltan cuatro fechas.

Un día de mayo pero de 2000. Palermo volvía después de una lesión de ligamentos en un superclásico copero para eliminar al eterno rival de la Libertadores, con un gol incluido. Doce años después, también en un día de mayo. Viatri, indicado desde que apareció en Primera, como el heredero, retornaba en un clásico por el torneo local. Desaparecido River, descendido a las tinieblas de la B Nacional, buen clásico para regresar eligió Lucas. Contra Racing, y con un gol espectacular, para que Boca sea otra vez puntero del Clausura.

No había jugado bien el Xeneize en el primer tiempo con el equipo muleto. Si bien mostró un buen manejo con Sánchez Miño y se vio a un Mouche movedizo, el conjunto de Falcioni no creó situaciones en la primera etapa. A diferencia, del local que tuvo dos claritas que supo neutralizar Orión, tras remates de Caballero y de Viola –este último fue una atajada espectacular-.

En el entretiempo, Falcioni leyó bien que el juvenil Emiliano Insua caminaba por la cornisa. Estando amonestado, bailaba con la más fea que era controlar al pibe Viola. Cuando nadie se lo esperaba, mando a la cancha a Viatri, para que juegue como enlace o nueve retrasado, Pochi fue a la derecha, Pol Fernández cambió de banda y Sánchez Miño retrocedió a marcar el lateral.

En principio, no pareció haber mucho cambio. Boca no generaba situaciones, pero evidentemente a Racing se le quemaron los papeles. No pudo controlar al tridente, ni tampoco a las subidas de Sánchez Miño. En una subida del pibe, el Xeneize gritó gol, en un verdadero gol de otro partido. Taco de Viatri para desorientar a la defensa y de volea clavó un derechazo inatajable para Saja.

El gol destrozó anímicamente a Racing. Y los pibes se agrandaron. Gran combinación entre Blandi y Mouche, termino luego de una buena jugada de este último, en un golazo del primero que dejó a contramano al ex arquero Cuervo. El 2 a 0 fue exagerado. Pero quien le quita la alegría a estos pibes, que volvieron a demostrar que están para jugar en la Primera de Boca y pelear el título.

BOCA: Orión 8; Sosa 6, Caruzzo 7, Insaurralde 6, Insua 5 (Viatri 9); Fernández 6, Benavidez 6, Sánchez Miño 8; Chavez 5; Mouche 7 (C. Alvarez), Blandi 7 (Araujo)